A fin de año estará listo el modelo para evaluar aumento del sueldo mínimo. (Foto: USI)
A fin de año estará listo el modelo para evaluar aumento del sueldo mínimo. (Foto: USI)

La remuneración mínima vital (RMV), a pesar de que populistas la quieran pintar como algo extraordinario, es simplemente el precio mínimo al que se nos permite ofrecer nuestro trabajo. Y, al ser un precio, se rige por las leyes económicas, como cualquier otro precio sujeto a la oferta y demanda. Aquello hará rabiar a muchos que, por no gustarles las leyes económicas, creen poder estar exentos de estas. Sin embargo, deben entender que, al igual que la Física, que afecta de igual manera a seres vivos como a objetos, las leyes económicas no diferencian si lo que se ofrece es un servicio (un trabajo) o un bien (una casa).

En la actualidad, muchos creen que la RMV ayuda a los trabajadores más necesitados, pues asumen que, obligándolos a fijar el precio mínimo de su trabajo, todos ganarán más. Sin embargo, lejos de ayudarlos, los perjudica. Por ejemplo, A y B buscan trabajo; A tiene estudios y experiencia laboral; B no tiene ni estudios ni experiencia; sin embargo, mientras que “A” está dispuesto a recibir S/1,000 por su trabajo, B es consciente de que no cuenta con experiencia y está dispuesto a recibir S/700. En ese caso, el empleador está dispuesto a contratar a B y capacitarlo. Sin embargo, el Gobierno aumenta la RMV y la fija en S/930. Ahora, el empleador preferirá gastar S/70 más y contratar a A, que ya está capacitado, que contratar a B por casi el mismo sueldo y gastar en su capacitación. Es así que, por las buenas intenciones del Gobierno, el trabajador B ya no recibirá S/700 y se encontrará desempleado.

El sueldo mínimo debería ser adaptado a la realidad vigente y no a la que nos gustaría que fuese. Si bien eliminarlo sería algo drástico, hay que considerar que países como Suiza o Singapur no cuentan con uno y tienen tasas de desempleo muy bajas.