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Juan José Garrido,La opinión del directordirector@peru21.com

Y cada vez que sale doña Nadine y le saltan los gatos, salen a defenderla desde distintos frentes. Unos porque les parece atractivo ver a la Primera Dama fungiendo de vocero del oficialismo, otros por simples reflejos de género y otros por coincidencias programáticas o simple sobonería. A fin de cuentas, la doña encabeza el gobierno del crecimiento con inclusión (que hoy es inclusión con crecimiento, pero ya crecimos suficiente… ¿verdad?).

Esas defensas (loables por cierto, no existe el pensamiento único) siguen una línea de reflexión que parte negando la eventual candidatura de la Sra. Heredia el 2016. Y, claro está, si eso está negado, las críticas solo podrían tener un ánimo politiquero o sexista. Ahora, eso es si negamos la candidatura en el 2016.

Así como esta defensa nos exige desterrar esas ideas, ¿qué pensarían si les exigimos que asuman esa variable como una realidad? Esto es, ¿cuál sería la línea de razonamiento si supiéramos con certeza que la Primera Dama busca indudablemente candidatear el 2016? ¿Pensarían igual?

La única verdad es que no sabemos cuáles son los planes del nacionalismo para el 2016. La Sra. Heredia niega una y otra vez que tenga en mente candidatear; como ya hemos sostenido antes, creemos que ante la evidencia esa promesa puede volverse difícil de cumplir. Entretanto, subsisten preguntas –válidas creo– para un país como Perú, donde todo puede suceder.

Teniendo en consideración nuestra precariedad institucional, ¿no sería mejor curarnos en salud y asumir un escenario menos optimista? Por último, quien ya tuerce las instituciones, en la manera y estilo que conocemos, ¿será capaz de limitarse cuando enfrente el momento crucial?