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Mónica Delta,Opina.21mdelta@peru21.com

Los sorteados, si son pobres, están obligados a "servir a su patria" como soldados, mientras que los 'suertudos' que tienen plata, si por esas razones del destino son 'los elegidos' para ir a un cuartel, pueden pagar la mitad de una UIT –es decir, 1,850 soles– como multa y se liberan del compromiso patriótico.

Si existe un problema en el Ejército peruano es la falta absoluta de motivación que los jóvenes tienen para hacer un sacrificio de esta naturaleza por su país. En primer lugar, no se cubre lo mínimo indispensable. Es increíble que hasta los uniformes que le dan al conscripto sean usados.

Las propinas son ridículas, el trato con ellos es muy discutible y, hasta ahora, los convenios con universidades para que puedan tener el incentivo de estudiar una carrera son letra muerta. La de-sesperación por el déficit de personal militar en los cuarteles no puede ser una razón para que una reforma de este servicio esté basada en la discriminación.

En un gobierno que se dice "inclusivo", donde el presidente es un militar por convicción, no puede estar vigente una norma que discrimina y que está plagada de excesos. Quienes creen que un servicio militar obligatorio acabará con los jóvenes descarriados y pandilleros se equivocan de cabo a rabo.

Este servicio no puede ser considerado ni entendido como un reformatorio ni suplir las grandes deficiencias y la falta de oportunidades que los muchachos, sin recursos económicos, tienen en nuestro país. Eso es tomar el 'rábano por las hojas' y no ir al problema de fondo.

El ministro de Defensa, Pedro Cateriano, un liberal confeso y muy cercano a nuestro Nobel Mario Vargas Llosa, cuyas convicciones democráticas todos conocemos, tendrá que explicar ante el Congreso cómo llegamos a un decreto legislativo que solo obliga a los más pobres a servir al Perú y, más bien, a los 'suertudos' con plata les permite evadir con efectivo el servicio.