Sin tiempo para perderlo
Sin tiempo para perderlo

Los epidemiólogos auguraron que habría un rebrote del coronavirus después del verano europeo.

Lo que la realidad está demostrando es que, en plena ola de calor, el número de contagios, acá y acullá, sube en términos exponenciales. Pudiera ser que estemos inmersos en pleno rebrote ya. ¿Tiene explicación este adelanto? Más que hablar de irresponsabilidades, lo que se atisba es que lo que se llamó “nueva” normalidad no fue sino un espejismo. O un tiempo que se nos regaló para ser capaces de tomar las mejores decisiones. Estamos perdiendo el tiempo. O quizás ya lo perdimos.

Resurge el debate entre crisis económica y crisis sanitaria. Debate estéril porque, sin seres humanos saludables, ¿a qué viene pretender poner por delante la cuestión económica? El punto de reflexión e inflexión es dónde y cómo poner el límite, para alcanzar el justo medio.

Con los embates de la pandemia casi incólumes, tenemos que asistir a la sinrazón de ciertos políticos. Matteo Salvini, líder de la extrema derecha italiana, dice que saludarse con los codos es cosa de animales. Le Pen, que la culpa de todo es de los inmigrantes. Bolsonaro es otro que se está ganando a pulso su puesto entre los pérfidos. Trump, quien se enfrenta (es un decir lo de “enfrentarse”, porque simplemente da la espalda a los datos) a una letalidad cada día mayor en su país, ha obligado a que su asesor en salud pública confiese que él se limita a cumplir con su rol. Sin leer tuits ni ocurrencias de su jefe.

Hay que dejar de lado posturas ridículamente obtusas e ignorantes. La visión de los soldados vencedores al final de la Primera Guerra Mundial, marchando con mascarillas, por causa del rebrote de la gripe española, nos debe llamar a la reflexión de forma inmediata. Repito: no hay tiempo para perderlo.

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