Feliz y extraño 28 de julio
Feliz y extraño 28 de julio

Este 28 de julio celebramos 199 años de nuestra independencia. Estamos a un año de cumplir 200 años de existencia como república independiente.

Entre las muchas cosas que ha cambiado la pandemia, también está el sentido de esta clase de eventos. Pues no cabe contemplar una efeméride de tan honda significación histórica como si la vida siguiera su curso lineal; sería hasta frívolo.

Nadie podía imaginar hace escasos meses que íbamos a vivir unas circunstancias como las que nos afligen. La omnipotencia, que creíamos atributo del ser humano (grave error), se ha transformado en la aceptación de que hemos perdido el control de muchas cosas. Es la hora de la dura realidad. También de la humildad.

El mundo entero, también el Perú, ha de cambiar. No podemos dejar pasar esta experiencia terrible, como si nada hubiera sucedido. Los peruanos tenemos un reto añadido: no debemos presentarnos ante los fastos del aniversario 200 con las manos vacías. O solamente teñidas de discursos patrióticos que, en la práctica, o dicen poco o (lo que es peor) reproducen esquemas tan huecos como altisonantes y decepcionantes.

Cada 28 de julio, en mi familia, y desde 2007, tiene una significación especial que quedó marcada por la desaparición de mi padre. Si había alguien que esperaba con ansia el discurso presidencial para analizarlo a profundidad, era él.

Este año será todo muy distinto. Esperamos un discurso al que se le va a exigir más que nunca. Ojalá que se esté a la altura de las circunstancias especiales que azotan el país: salud y pobreza. Derechos y justicia. Institucionalidad democrática y sentido del deber deberían ser los contenidos esenciales. Y, por qué no, un sincero reconocimiento de los errores en los que se pudo haber caído. Que alguno habrá.

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