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No todos son iguales

“En el primer grupo están los que apuestan por una agenda que los beneficia solo a ellos, sus partidos (...) En el segundo, los que se la fajan por asuntos mayores, bastante más allá de su sobrevivencia política”.

Congreso

Pleno aprobó otorgar facultades legislativas a la Comisión Permanente hasta julio. (GEC)

No todos son iguales. (GEC)

Perú21

Augusto Rey
Augusto Rey

En este Congreso mediocre, improductivo y blindador, no todos son iguales. No todos merecen cargar con el mote del “peor Congreso que las últimas décadas han visto”. Entre los que trabajan y los que no, hay una distancia monumental, y entre los que trabajan, que son los pocos, hay también leguas de distancia. En el primer grupo están los que apuestan por una agenda que los beneficia solo a ellos, sus partidos y sus intereses corporativos. En el segundo, los que se la fajan por asuntos mayores, bastante más allá de su sobrevivencia política.

Este Parlamento me parece una vergüenza. Es ridículamente patético, pero entre el fango de esa inercia de insensatez en la que ha sido sumergido, ha aparecido también una generación prometedora que representa todo lo que podríamos ser.

Tania Pariona, Indira Huilca, Alberto de Belaunde o Marisa Glave son ejemplo de ello. No son los únicos, pero son de mi generación y soy testigo de su influencia. Qué diferencia su discurso, su energía y su coherencia, radicalmente consistente en relación con lo que vemos en otros frentes.

Como pasa con el impredecible congresista Becerril, quien dio sus primeros pasos políticos en Patria Roja, o la legisladora Beteta, quien postuló al Congreso con el Humala de 2006, que ahora son el mejor ejemplo de lo que el poder político puede hacer con las personas: vanidad desbordada y la falsa idea de capacidad.

En ese contexto, veo a mi generación legislativa dando una batalla solvente en distintos frentes. Ayer los vi haciéndolo junto a la comunidad LGTBI, algo que en el pasado muy pocos se hubiesen atrevido.

Este Congreso no nos representa, sobre todo por los dinosaurios enquistados, borrachos por un poder bastante pasajero, ahogados en su vanidad. Pero en la tiniebla, veo una luz.

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