(Twitter: Somos Perú)
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Que la contienda electoral cuenta con elenco y repertorio capaz de seguir deparando sorpresas desagradables hasta el día mismo del sufragio es una promesa de mayor fiabilidad que la de cualquier candidato. Pero lo que pocos esperaban es que un expresidente de la República y un expresidente del Congreso terminaran postulando con un partido, Somos Perú, manejado casi como propiedad exclusiva por un personaje tan oscuro como Patricia Li Sotelo.

Y pese a que Daniel Salaverry y Martín Vizcarra, candidatos a la Presidencia y el Congreso, respectivamente, se hagan los distraídos cuando les preguntan por la lideresa de la tienda política –nunca tan literal el término– que los ha aupado, lo cierto es que tienen mucho por explicar a la opinión pública.

Fundado por el ya fallecido Alberto Andrade, recordado alcalde Lima, el partido Somos Perú, luego de pasar por distintos avatares y dirigencias, y separar caminos definitivamente con la familia de su fundador, quedó en manos de la señora Li Sotelo tras imponerse en los comicios internos de 2015. Y si algo parece claro, es que ella y los dos susodichos candidatos tienen uno que otro antecedente que parece apuntar a intereses comunes. La industria de la construcción, por ejemplo.

Como bien ha graficado el reportaje de Perú21, tanto Li Sotelo como Vizcarra y Salaverry han estado o están involucrados en sendas investigaciones sobre coimas y defraudaciones en perjuicio del Estado o evasión tributaria, todo en el rubro de la construcción, sea como autoridades –cuando ocuparon cargos públicos– o como empresarios, desde un llano no tan llano para todos. Podría decirse, entonces, que no tiene nada de casual tan súbita y ‘constructiva’ vinculación política.

Y por si faltara condimento en este ‘maridaje’ electoral, se acaba de saber, asimismo, que Somos Perú se venía financiando a través de dudosas contrataciones con municipalidades y gobiernos regionales –el de Áncash, por ejemplo, cuyo gobernador está preso– donde fueron elegidos sus postulantes. Las sospechas están, pues, más que servidas.