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Juan José Garrido,La opinión del directordirector@peru21.com

No obstante, la investigación científica y el desarrollo tecnológico requieren de ciertas condiciones previas para que afecten significativamente las tasas de crecimiento de un país. En el caso peruano, por ejemplo, no existe relación entre el porcentaje del Producto Bruto Interno (PBI) destinado a investigación y desarrollo (I&D) y las mejoras en productividad entre 1971 y el 2005. De hecho, la relación es –paradójicamente– negativa.

Las economías modernas se fundamentan, principalmente, en la creación de métodos e instrumentos, así como en el desarrollo de capital humano, financiero y social (léase, instituciones).

Nuestro país carece de casi todas las precondiciones necesarias: carecemos de instituciones que protejan el conocimiento generado; no contamos con una mínima masa crítica de técnicos y profesionales; necesitamos de instrumentos, equipos y laboratorios capaces de producir prototipos; asimismo, no existen mecanismos de coordinación entre la I&D pública y el sector privado; entre otras falencias.

Vistas así las cosas, no tiene mucho sentido crear un aparato burocrático sin tener en consideración las tareas pendientes. La creación de un ministerio no resuelve los problemas mencionados; si ello fuese así, el Ministerio de Educación habría ya resuelto el problema educativo, y, sin embargo, aparecemos en el puesto 134 de 148 economías en cuanto a calidad educativa.

Existiendo recursos limitados, empecemos –si de apostar por el futuro se trata– por la agenda pendiente: educación básica, instituciones y mejoras en productividad.

Y aprovechemos, mientras convergemos, la difusión del conocimiento creado en los países desarrollados.