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El presidente no tiene quien le escriba. Este affaire del ex operador de Montesinos, Óscar López Meneses, ha llegado a extremos inaceptables por un pésimo manejo de Palacio. Ni la prensa ni los líderes políticos debemos arrinconar al gobierno por la palabra de un individuo que trabajó con un régimen corrupto y que ahora se da el lujo de amenazar a la más alta investidura con una desfachatez que impresiona. El ex presidente García se equivocó al sumarse al cargamontón. Humala, por su parte, desde el principio debió manejar apropiadamente y con la verdad el tema del irregular resguardo policial en la casa de este ex operador de Montesinos. Y, de yapa, sus operadores políticos, lejos de tener un manejo fino del caso, recurren al insulto. Pero de ninguna manera podemos permitir que la gobernabilidad del país se ponga en juego por alguien que se burla del poder y obedece a sabe Dios qué intereses. La soledad de Ollanta es preocupante. Lo peor es que ni siquiera se da cuenta de que hace mucho ha perdido contacto con la realidad del país. No sé si no escucha porque no quiere escuchar o porque no tiene idea de cómo defenderse sin que parezca una reacción "soldadesca".

Enviar a Urresti y a Abugattás es como tratar de apagar el fuego con combustible. Y a la premier Ana Jara le queda mejor el papel reflexivo que confrontacional. Solo quedan 18 meses para que termine este gobierno. La ciudadanía espera madurez de parte del poder, pero también de la oposición y de los medios de comunicación. Nadie habla de no decir las cosas ni de evadir nuestra responsabilidad de buscar la verdad, pero la obligación que tenemos no es con nosotros, sino con el Perú, que merece algo mejor. Dejemos las estupideces para otro momento.