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Fritz Du Bois,La opinión del directorComo en las ciudades bíblicas en las que imperaba la perversión, el consumo de drogas y alcohol, en los balnearios del sur se está escapando completamente de las manos. Más aún el problema ya no ocurre solo de noche sino que las 'discotecas' que no están sujetas a ningún control han ampliado su horario. Con ello las playas se han convertido en una zona liberada de 24 horas de exceso diario. Ahora son permanentes las escenas de jóvenes embriagados o drogados deambulando o, simplemente, privados.

Incluso la mayoría de ellos son menores de edad a los que les dan licor pese a no estar autorizados y quienes también pueden comprar todo tipo de drogas ya que existe total libertad para obtenerlas y consumirlas en esos establecimientos. Para colmo, se las venden los propios encargados.

¿Qué hacen las autoridades municipales o policiales? Absolutamente nada para frenarlo. Por el lado de las comunas parece que el creciente movimiento del verano los tiene encantados. Es la temporada de liquidez para esos balnearios, así que tanto los funcionarios a nivel personal como las municipalidades en lo institucional estarían acumulando reservas para los meses de las vacas flacas cuando los visitantes son contados.

Mientras que los pocos policías que aún quedan para proteger a los ciudadanos, luego de los miles que son destinados como resguardos privados de políticos y de burócratas dorados, parecen únicamente interesados en pedir documentos a los conductores de los automóviles más caros. Ni siquiera intentan verificar la edad de los que están tomando ni obstaculizan el 'paqueteo' de drogas que se produce a la vista y paciencia de todos los parroquianos.

Con lo cual, desde padres irresponsables hasta corruptas autoridades, todos están conspirando para deteriorar a la próxima generación de peruanos. Ojalá no tengamos que esperar la aparición de lenguas de fuego en el cielo para hacer algo.