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Ariel Segal,Opina.21Arielsegal@hotmail.com

De confirmarse la matanza de 1,300 personas en el distrito de Guta, cerca a Damasco, con gas sarín, quedaría demostrado lo advertido hace un tiempo: que el régimen sanguinario del dictador sirio Bashar al-Assad está utilizando armas químicas.

Lo cierto es que los medios de comunicación han mostrado los cadáveres de niños, mujeres y ancianos que no eran parte activa de la resistencia armada contra el ejército de al-Assad, y estas muertes elevan las cifras de víctimas de la guerra civil de Siria a más de 100 mil.

El hecho ha ocurrido tres días después del arribo de una misión de la ONU, que incluye a médicos que aseguran que los efectos del bombardeo sufrido esta semana en Guta se asemejan a los que produce el gas sarín.

Una de las razones de la presencia de la ONU en Siria es justamente la de investigar acusaciones del régimen y de los rebeldes, culpándose mutuamente de haber usado gases tóxicos. Más allá de que se compruebe o no si las muertes de esta semana son consecuencia de armas químicas, esta masacre deja al descubierto la absoluta insensibilidad de al-Assad ante la muerte de inocentes.

La resistencia siria es un grupo muy heterogéneo que incluye desde grupos desertores del régimen y laicos pro-occidentales hasta islamistas radicales de Al Qaeda y de la Hermandad Musulmana siria, y grupos étnicos separatistas como los kurdos. Esta complejidad es la que disuade a los países árabes, musulmanes y a las potencias de intervenir directamente en el conflicto. Sin embargo, Siria demuestra que el mundo entero ha dejado a todos sus habitantes a merced de la muerte con una escalofriante indiferencia.

¡Y cuánto más es la indiferencia de aquellos que callan sobre lo que ocurre en Siria mientras dedican espacios de opinión, justificados solo cuando hay víctimas en conflictos en los que están involucrados Estados Unidos, Israel, la OTAN, o aquellos países "de sus obsesiones"!