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Ariel Segal, Opina.21 Arielsegal@hotmail.com

Mientras la OTAN ha desplegado –hace unas semanas– un sistema de misiles de defensa en territorio turco, en el caso de que el conflicto sirio se desborde a su frontera, en abril, Estados Unidos envió tropas a Jordania para ayudarla a evitar que islamistas radicales que combaten contra el dictador Assad aprovechen el caos para intentar, también, desestabilizar a la monarquía del rey Abdullah o que haya enfrentamientos directos entre ambos países.

¿Por qué la administración Obama, que hasta ahora había sido extremadamente cauta en no involucrarse directamente en la guerra civil siria, ha tomado esta decisión? La respuesta procede de información sobre la utilización de armas químicas (AQ), en pequeña escala, tanto por el régimen de Assad como por algunos rebeldes que intentan derrocarlo. Dado el precedente de las acusaciones de G.W. Bush sobre armas de destrucción en manos de Saddam Hussein, para justificar la guerra de Irak, Obama ha preferido ser precavido ante las denuncias del uso de AQ en Siria, y prefiere, por el momento, aumentar el nivel de ayuda a los rebeldes laicos (¡de ninguna manera a los islamistas radicales!) con armas, entrenamiento e indumentaria para evitar los efectos tóxicos de este tipo de armas.

Días atrás, la aviación israelí atacó en territorio sirio un almacén con misiles iraníes con cargamento químico AQ Fathe-110, que aparentemente eran enviadas por Siria al Líbano, con destino al grupo islamista radical Hezbola. Un portavoz israelí en Washington, Aron Saguí, expresó que su país está decidido a evitar la transferencia de AQ por parte del régimen sirio a "terroristas", mientras que el tibio reclamo del régimen de Assad, ante el ataque israelí, recuerda al silencio del 2010, cuando Israel destruyó una instalación nuclear en su país fabricada con ayuda norcoreana, cuestión que a ambos países les convenía ocultar. Lentamente, el conflicto sirio se extiende.