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Alfonso Grados, Opina.21agrados@intercorp.com.pe

La jornada clasificatoria nos deja sensaciones encontradas. Ganamos a Ecuador con un juego poco vistoso pero ordenado, solidario, con buenas actuaciones de Fernández, Pizarro y Rodríguez.

Nos la creímos y fuimos a Colombia con un optimismo exagerado, olvidando que hace tiempo no pesamos jugando de visita. Hubo desorden, cometimos errores infantiles, no articulamos un fútbol fluido. El equipo de Pekerman nos ganó con claridad.

Las explicaciones sonaron a excusas trilladas: "El árbitro inclinó el campo", "nos condicionaron las tarjetas", "generamos tanto peligro como ellos", etc.

Lo cierto es que inflamos a jugadores que pueden alternar pero no marcan diferencia (Advíncula, Herrera, Retamoso), insistimos en titularatos no justificados (Vargas), alineamos a inesperados (Ballón) y jugamos sin volante armador.

Aún podemos tentar el repechaje, quedar quintos de nueve no es ninguna hazaña. Pero para ello debemos sincerar el análisis, corregir errores y romper paradigmas que solo confunden, creyéndonos mejores de lo que somos. Markarián debe leer la situación y articular una exigente autocrítica. Solo así validará nuestro pedido de apoyar la continuidad del proceso al margen del resultado final.