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Roberto Lerner,Espacio de crianza

"Se descontroló, me contaron, y esta vez fue escandaloso", me dice un papá, sobre su hija de 12 años. "No quiso obedecer a la profesora en el recreo. Le contestó horrible, le gritó", prosigue. Su esposa añade: "estaba mejorando", con tono de reproche.

Suele ocurrir. Las cosas parecen ir en una dirección y, súbitamente, cambian —retroceso, recaída— y uno explica que las cosas no se desarrollan linealmente, o reconsidera estrategias terapéuticas. Salvo que estamos en la tercera sesión. Una con ellos, otra con la jovencita y ahora, a pedido de los papás.

"Estaba", "esta vez" apuntan a lapsos razonables que permiten tomar en cuenta frecuencias, comparar intensidades. Estamos en una cultura del corto plazo. Pero lo que me impactó es que "esta vez" se refiere a lo ocurrido un par de horas antes de la cita. El reporte del incidente vino vía correo electrónico.

Cada vez más, los padres de chicos en edad escolar nos enteramos de lo que pasa en el colegio casi en tiempo real, sobre todo si es negativo. Si les dejaron tareas, si las hicieron, si se pelearon. ¿En algún momento chatearemos con los profesores mientras dictan clases? ¿Incluirán por videoconferencia en las conversaciones entre nuestro hijo y su tutor? ¿En lugar de libretas bimensuales tendremos calificaciones electrónicas cada hora?

Exagero. La comunicación virtual con la escuela tiene ventajas. Pero hay procesos —educación, inversiones en bolsa, salud, vida de pareja— que pierden mucho cuando sus indicadores de estado, de cómo van las cosas, son demasiado frecuentes.

¿Se imaginan mirando la cartera de inversiones cada día, subiendo a la balanza cada hora, preguntándole a la pareja si nos ama cada minuto?