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Juan José Garrido,La opinión del directordirector@peru21.com

Desde sus inicios, el actual gobierno encontró útil y popular enfrentarse a las fuerzas políticas de oposición. Y no contra dos o tres. No. Empezó con el fujimorismo, siguió con la izquierda –hasta ese momento, aliados en el gobierno– y con el APRA, para terminar con Perú Posible. Todo un poker de poder.

Por supuesto, más de uno hizo notar que la estrategia era altamente riesgosa: un gobierno primerizo, sin operadores políticos y con el techo de vidrio debía ser más cauteloso. Pero, y como ya sabemos, el poder a veces entorpece la capacidad de cálculo. Eso, o la estrategia contaba con dicho enfrentamiento como condición necesaria.

La cosa es que en los dos años que han pasado, el gobierno ha ido liándose a golpes con cuanto partido o político se ponía al frente. Ello, desde luego, fue generando una atmósfera de revanchas y recelos.

Es por esto que, entre los diversos problemas que enfrenta el actual gobierno, tal vez el más importante sea el de la subsistencia presidencial. Hoy, que el gobierno no tiene mayoría en el Congreso (descontamos a Perú Posible entre los aliados) y cuenta con una baja aprobación, bastaría con que el presidente cometa un error punible con la vacancia para que la misma se ponga en debate.

Lo más probable es que no ocurra (y no debería); sin embargo, la fragilidad del régimen sería mayor en adelante, virtualmente neutralizado hasta el 2016. Tendríamos a un presidente "pato rengo", incapaz de poner en agenda reformas o defenderse frente a presiones populistas.

Por ello, el gobierno debe recomponer sus alianzas pronto (salvo que la estrategia sea –efectivamente– viabilizar la continuidad).