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Economista y asesor financiero

Admiro a Richard Webb y su incomparable talento para la observación y reflexión sobre las grandes tendencias económicas y sociales del Perú. Sabe captar la esencia y explicarla con claridad. Su honestidad intelectual y personal refresca; no le incomoda emitir opiniones inconvenientes. Es ecléctico: ni capitalismo ni socialismo, sino todo lo contrario. Es librepensador y culto, no se casa con ninguna teoría; si los hechos refutan su idea, lo reconoce. Recorre los pequeños poblados y habla con la gente, mide, compara con su viaje anterior, analiza y hace sugerencias que ningún otro economista hace.

Dos muestras entre muchas. Fruto de su trabajo de campo hemos sabido cómo, con la adopción del mercado en 1990 y la mejor conectividad vial y telefónica, se ha empezado a lograr que el nivel de vida de los pequeños pueblos crezca a mayor ritmo que el de los medianos y que el de estos prospere más que el de las grandes ciudades. Recuerdo, también, su reflexión, en 1990, sobre cómo el estatismo del cuarto de siglo anterior, paradójicamente, colapsó en la privatización forzada de casi todo: el que quería electricidad tenía que comprarse un grupo electrógeno; el que seguridad, contratar guardaespaldas; el que educación, pagar un colegio privado, etc. ¿Gobierno? Uno piensa en el rector omnipotente y en realidad lo que tenemos es una pantalla y detrás de ella no hay nada.

Ha ostentado oficina pública dos veces, como presidente del Banco Central. Nada le hizo cambiar el libreto del deber. En la primera, 1980-1985, el respeto a los límites de crédito del programa monetario le costó que ningún ministro del gobierno asistiera al funeral de su padre. En la segunda, en 2001-2003, un grupo de miembros del directorio conspiró para forzar su renuncia, en una noche negra de la institución.

Le conocí en mi primer viaje a Perú, en 1987. Fuimos a cenar con su mujer, Pepita. Cuando salió el plato de Richard, comenté: que buena pinta, pedí mal. Richard insistió en que yo me comiera su plato y que él comía el mío. De ninguna manera, dije; Pepita zanjó el caso con un "no va a tocar su plato; te lo cede, así es Richard".

El devenir es "no lineal". Pequeños acontecimientos pueden trazar sendas muy dispares. El aleteo de una mariposa en Brasil puede provocar un ciclón en Japón, nos enseñó el meteorólogo Edward Lorenz. Pues bien, un buen día, a un señor escocés que trabajaba en el mercado de seguros Lloyds de Londres su jefe lo llamó a su oficina y le espetó: "¿Estás interesado en un trabajo en el extranjero?". A ello respondió: " ¿Adónde?", y la réplica: "Hay dos posibilidades: Guayana y Perú". Pidió un momento, lanzó una moneda al aire: si sale cara, voy a Guayana; si cruz, al Perú. Fue cruz. Así llegó Philip Webb, el padre de Richard, a Lima y de ahí tuvimos el privilegio de contar con uno de los economistas de mayor capacidad de observación y reflexión que hemos tenido.

Webb, rara avis.