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Fritz Du Bois, La opinión del directorEn política, una semana es una eternidad, decía un exprimer ministro británico, y ese comentario ha sido evidentemente comprobado desde la 'entrevista' que diera nuestro mandatario. Así tenemos que el domingo pasado el presidente no solo defendía, a capa y espada, la intención de reestatizar La Pampilla sino que, además, ponía la mano en el fuego por Maduro negando la existencia de un fraude electoral venezolano.

Ahora el Gobierno, felizmente, ha recapacitado sobre el cambio de rumbo que estaba dando. Más aún, esperamos que tomen medidas rápidamente para tratar de restablecer la confianza que han perdido tanto de los ciudadanos, que se sintieron engañados con el retorno a La Gran Transformación, como del empresariado.

Mientras que, pese al apoyo que siempre les ha brindado, Humala está siendo agredido simultáneamente por Correa y Maduro, sus dos 'allegados'. El primero en un acto de matonesca solidaridad con un desadaptado quien pateó a una mujer en un supermercado. Con lo cual se está aprovechando para consumo interno del temor diplomático peruano a un cambio de posición de Ecuador en el tema de La Haya, ante la cercanía del fallo. En realidad, 'matones del mundo uníos' debería de ser el lema del presidente ecuatoriano ya que agrede a todo aquel que está en desventaja o que osa criticarlo.

Por su parte, el Gobierno venezolano también está reaccionando literalmente a las patadas ante el rechazo internacional a la manera como el proceso electoral ha sido manipulado y ante la fragilidad de ser un régimen sin respaldo. Incluso va quedando cada día más claro que en un proceso limpio Maduro hubiera sido ampliamente derrotado y que fue una farsa la auditoría que 'garantizaron'. Por lo que simplemente les mintieron a los presidentes sudamericanos convocados en Lima, quienes se equivocaron al avalarlo.

Asimismo, son alarmantes las amenazas personales de Maduro tanto al canciller como al mandatario. Es realmente extraño que se refiera a ellos en esos términos, como si tuviera algo para extorsionarlos. Aunque capaz estamos exagerando y nuestra preocupación sea solo producto de la impresión delincuencial que da el actual Gobierno venezolano.

En todo caso, luego de una semana de sobresaltos, el presidente tiene que haber reflexionado sobre la manera cómo quisiera conducir la segunda parte de su mandato. Por un lado está la tranquilidad que a su vez lleva a una sensación de bienestar generalizado, ya que permite que siga fluyendo la inversión que genera trabajo y asegura un nivel de crecimiento alto. Para lo cual solo requiere seguir profundizando el proceso de modernización de la economía que se inició hace 20 años.

Por otro lado, si opta por las políticas trasnochadas y la permanente confrontación de los regímenes chavistas de la región, va a terminar al igual que ellos: asediado en medio del caos. La decisión está en sus manos.