LIMA , 15 DE MAYO DEL 2020

PROTESTA DE TRABAJADORES DEL HOSPITAL DE VITARTE, POR SER DESPEDIDOS ARBITRARIAMENTE.ENFERMEROS Y TƒCNICOS PRESENTES EN CONVOCATORIA.

FOTOS: GONZALO CîRDOVA/ GEC
LIMA , 15 DE MAYO DEL 2020 PROTESTA DE TRABAJADORES DEL HOSPITAL DE VITARTE, POR SER DESPEDIDOS ARBITRARIAMENTE.ENFERMEROS Y TƒCNICOS PRESENTES EN CONVOCATORIA. FOTOS: GONZALO CîRDOVA/ GEC

¿Se puede poner peor? ¿Hay algo más grave que el dolor de los miles de contagiados que no pueden ser atendidos en hospitales y la desesperación de los que han perdido empleo o negocios? Sí lo habrá, si al colapso sanitario y a la recesión económica agregamos la crisis política que se viene.

Hay tres hechos que la anuncian. El primero fue que las autoridades estimaron que la epidemia duraría poco. La realidad corrigió ese optimismo: la cuarentena viene durando cinco veces más de lo previsto.

El segundo es que el programa económico será insuficiente porque la recesión también es mayor que la estimada, y además no llega a todos ni a tiempo.

Qué paradoja. Ese programa fue, en el papel, uno de los mayores y mejores del mundo. Era el mejor Derecho para el peor desastre. Pero lo que debió ser un éxito se convirtió en frustración. Ahora pocos creen al Gobierno. Por último, se dictaron reglas pensando en la gente que podía resistir los rigores de la cuarentena o cumplir los protocolos de salida.

Esas normas no tuvieron presente a la mayor parte de la población que no tiene esa capacidad. Esa mayoría ignorada, de pura sobrevivencia, ignoró también esas leyes. Así, salieron a las calles y allí se contagiaron. No fue la informalidad de la gente lo que ha agravado la epidemia, sino su rebeldía. El Derecho terminó siendo un desastre.

Entonces, esta crisis política no trata solo de baja popularidad, de corrupción, de negligencia, de ausencia de partidos o de reformas electorales. Trata de algo más elemental: sin obediencia a las leyes, lo que sigue es desborde social.

Necesitamos recuperar autoridad con prestigio, porque esa es la condición para que nuestra sociedad siga viva. Parece mucho, pero es posible. Al menos la ministra de Economía lo tiene clarísimo.

En el mensaje a sus compañeros de Harvard, les da unos consejos que seguro ya planteó en el Consejo de Ministros. Lo resumo a mi modo: el Gobierno no debe conocer todas las soluciones, sino la sensibilidad de entender los problemas, la capacidad de hacer las preguntas correctas y la humildad de convocar a quien puede dar las respuestas precisas.

Es decir, el Gobierno debe enterrar soberbias y temores para liderar acuerdos políticos. Es lo que hace falta porque, controlada la epidemia, hay que reducir diferencias sociales, reactivar la economía y recuperar reservas fiscales.

Esa tarea es enorme y casi imposible sin el sacrificio de todos. Así como hoy necesitamos médicos y hospitales, mañana necesitaremos de esos acuerdos políticos. ¿Los buscamos desde ahora?