Sanos, luego muertos II (JOEL ALONZO/GEC)
Sanos, luego muertos II (JOEL ALONZO/GEC)

El 13 de abril el Gobierno rectificó su desfachatez de ordenar, como causa no sanitaria, lo que pueden o no hacer con sus ahorros y egresos las empresas para defender su sostenibilidad y existencia. Ese día entendimos mal que terminó su actividad de inmiscuirse en el dinero ajeno porque, realmente, no pusieron fin al impedimento de las empresas a otorgar vacaciones vencidas a sus trabajadores o establecer para éstos suspensión perfecta de labores para no remunerar trabajo no realizado.

En efecto, con estilo, congelación en el sitio y marcha y contramarcha incluidas, el Gobierno, irresponsable hasta el tuétano, promulgó el 21 de abril el Decreto Supremo 011 que, exprofesamente, mediatizó, complicó, rodeó de trabas, enlodó, puso diques y desalentó a más no poder lo que hizo el día 13, a través del Decreto de Urgencia 038.

Para muestra, un botón populista del Ministerio de Trabajo a la platea dice, en pleno Estado de Emergencia, en donde cada día se pierden cientos de millones, además de vidas que vemos y no vemos morir, que previamente al descanso vacacional o a la reducción de la jornada o a la reducción de la remuneración “el empleador debe informar a la organización sindical o, en su defecto, a los representantes de los trabajadores elegidos o a los trabajadores afectados, los motivos para la adopción de dichas medidas a fin de entablar negociaciones que busquen satisfacer los intereses de ambas partes”.

Dio y no dio al mismo tiempo, además de convertir las decisiones individuales de descanso vacacional o reducción de remuneración en incumbencia grupal o colectiva, cuando son “Intuito Personae”, de determinación libre e individual de cada persona.


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