(Foto: Ernesto Benavides / AFP)
(Foto: Ernesto Benavides / AFP)

Lo que siento hoy por el Perú, a pocos meses de su cumpleaños 200, es muy similar a ese dolor y tristeza de tener a una persona amada con una enfermedad muy difícil de curar; y que cada día trae una nueva sorpresa que, al menos por unos momentos, lo trae a uno abajo.

Por la enfermedad no me refiero al COVID-19, sino a la corrupción, la falta de ética y el sentido de derecho de muchos peruanos que enferman cada día al país. El escándalo del Vacunagate es una sorpresa muy dolorosa en una situación que ya de por sí es muy difícil.

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Como lo explicó el psicólogo Jorge Yamamoto, en una entrevista en RPP, este escándalo debe pasar a los libros de historia para que las nuevas generaciones rechacen ese tipo de comportamientos. Creo, efectivamente, que la cura a la larga es cambiar el chip de las nuevas generaciones y que no crezcan pensando que el país es así, que esos comportamientos son propios de todos los peruanos y si todos lo hacen, todos podemos hacerlo.

Mientras tanto, vienen nuevas elecciones en abril. Hay opciones que son competitivas en las encuestas que personalmente me aterran, otras que me asustan y unas que tienen el beneficio de la duda.

Pero dudo que este voto sea simplemente votar por aquellas que tienen este beneficio, especialmente si están bajas en las encuestas los días más cercanos a las elecciones. Este voto tendrá que ser estratégico, con el objetivo de que no pasen a segunda vuelta aquellas opciones aterradoras y, si pasan, lo hagan para perder.

Esperemos que esos votos estratégicos nos libren de presidentes, congresistas y altos funcionarios mentirosos, corruptos, amorales, con sentido de derecho y sin sentido común, que lamentablemente es el menos común de los sentidos.

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