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Fernando Maestre,Opina.21fmaestre@peru21.com

Es penoso ver cómo muchos hogares, que empezaron con ilusión, llegan al momento en que se plantean ponerle fin al matrimonio por las constantes discusiones. Llegan a perpetuar la pelea hasta que se convierte en un clima violento que nada tiene que ver con el motivo que inició la discusión. La causa es que ambos pierden la perspectiva del móvil de la pelea y si se empezó discutiendo, por ejemplo, de la suegra, luego el motivo se convierte en recuerdos desagradables. Quisiéramos transmitir algunas reflexiones. Primero, hay que pensar que aquello que con gritos e insultos no se resolvió no se podrá solucionar por esa vía. Por tanto, hay que cambiar las palabras negativas por otras optimistas. Igualmente, importa modificar el tono del diálogo: que sea más pausado, con menos respuestas sin pensar y más miradas a los ojos. Se debe tener en cuenta que en los conflictos se aceleran las palabras y no hay pausas para reflexionar. Si esto falla, se debe tener valor para interrumpir la pelea hasta que ambos tengan tiempo de pensar y de cambiar el diálogo violento.