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¿Estará el Perú mejor o peor en 2021? ¿Cuánto mejor? Depende de muchos factores, externos y locales, pero lo cierto es que los dos más importantes son un gobierno eficiente y una oposición constructiva y responsable.

El discurso de toma de posesión es buen comienzo; breve, estructurado, con acertado diagnóstico de los problemas, sin caer en la caterva de cifras a la que estamos acostumbrados, con visión y concluyendo con un enunciado de sus seis compromisos: acceso universal al agua, a la salud, a la educación de calidad, avance en la formalización, mejora de infraestructura y combate a la inseguridad y la corrupción. Me gustó la forma de entregarlo, en ese estilo didáctico y claro que tiene Pedro Pablo para explicar los temas al gran público, algo que escasea entre los economistas.

Planteó metas ambiciosas que dudo que sea posible alcanzar en cinco años –como reducir la informalidad del 60% al 30% o lograr llevar agua a todos los peruanos–. Ahora bien, tanto él como el premier Zavala son gerentes experimentados que conocen como pocos el sector público y la empresa privada, por lo que no son promesas huecas, se puede avanzar más de lo que muchos piensan.

Y aquí juega el segundo factor clave: siempre y cuando la oposición sea constructiva y responsable, que fiscalice y aporte pero sin obstaculizar porque si lo hacen, a quien de verdad perjudican es a los ciudadanos, incluidos sus votantes, que se lo cobrarían en las elecciones de 2021 en que Kuczynski no será su adversario.

Desafortunadamente, en esto la bancada fujimorista no pasó la primera prueba: su actitud en el hemiciclo fue bochornosa y hasta mezquina. No aplaudir pasa, pero gritar consignas en presencia de seis jefes de Estado extranjeros y en una ocasión tan solemne, a quien daña es al pueblo peruano porque compromete la reputación del Perú. Luz Salgado estuvo a la altura; mi enhorabuena.

Al ramo de olivo tendido ("no lo puedo hacer solo, necesito tu ayuda, necesito la ayuda de este Congreso… no les pido un compromiso con este gobierno"), por un presidente a los pocos minutos de recibir la máxima magistratura de la nación y en presencia de dignatarios extranjeros, se contesta con institucionalidad y cortesía, no con revanchismo sectario de pelea de gallos.

Por fortuna, el Perú tiene ahora un presidente de talla mundial, conocido y respetado internacionalmente; no agüen la fiesta con una oposición tercermundista. Entiendan que si tratan de hundir a Kuczynski, también hunden a Keiko.