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Convertir una carretera de 2,600 km en autopista y llevar agua potable y desagüe a las viviendas de toda la población no parecen metas excesivamente ambiciosas para un cuarto de siglo en un país, como el Perú, al que le ha ido bien económicamente en el período. Seguro que la mayoría de ciudadanos están de acuerdo en la prioridad de ambas metas.

Sin embargo, a 26 años del plan de estabilización de 1990, ambas metas siguen inconclusas. Todavía hay ocho millones de peruanos sin agua y desagüe en sus casas. Por su parte, a la fecha, solo hay autopista con dos carriles en cada sentido 200 km al sur y 200 km al norte de Lima. ¿Cuál es el problema? ¿Es un tema de falta de recursos?, ¿de costo?, ¿de ineficiencia administrativa?, ¿de prioridades incorrectas?, ¿de corrupción?

No es la falta de recursos. El Estado ha tenido las finanzas en orden y acceso a los mercados de capital. Tampoco es un problema de altos costos. Veamos primero el asunto del agua. Según mis cálculos, el costo de llevar agua potable y desagüe a cada ciudadano es en promedio no más de mil dólares. Por lo que el monto de inversión total para cerrar la brecha –incorporar al servicio a los ocho millones de habitantes– ascendería a 8 mil millones de dólares. Para hacerlo en ocho años, la inversión anual en agua y saneamiento tendría que ser de 1,400 millones de dólares, ya que la población crece anualmente en 400 mil personas. En los últimos cinco años, el presupuesto para el sector solo alcanzó a 800 millones de dólares por año pero solo se logró ejecutar la mitad, es decir, menos de la tercera parte de los 1,400 millones requeridos.

Veamos ahora el costo para poner dos carriles en cada sentido en los 2,600 km de la Panamericana. De acuerdo con la American Road and Transportation Builders Association, cada km cuesta de 2.5 a 3.7 millones de dólares, por lo que, para Perú, un costo de 2 millones por km parece razonable por menores costos laborales y sencilla orografía costera. La cuenta total, por consiguiente, ascendería a 5,200 millones. Subamos esta cifra a 6 mil millones para acomodar pagos por expropiación de terrenos.

La conclusión es que a un costo de 14 mil millones de dólares –o 7% del PBI–, un monto perfectamente asumible y financiable, se podrían alcanzar ambas prioritarias metas. Curiosamente el Perú se está gastando una cifra mayor en la terna Gasoducto del Sur, Refinería de Talara y Línea 2 del Metro, proyectos los tres controvertidos en cuanto a costo y/o utilidad. Ocho millones de peruanos sin agua y la Panamericana sin dos carriles por prioridades erróneas, ineficiencia y corrupción. Ojalá lo corrija el nuevo gobierno.