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Los especialistas en psicología de las finanzas –la rama de la Economía que está de moda– nos dicen que tenemos una visión relativamente benigna del mundo real y tendemos a infravalorar los riesgos existentes. Creo que de ese defecto adolecen bastantes de los análisis sobre el default, corralito y posible salida del Euro de Grecia; lo tratamos como un problema aislado que nubla los mercados y la economía mundial y seguimos con atención las negociaciones, con la esperanza de que si se soluciona, todo volverá a marchar bien a lo mejor hasta unos años.

Lo más probable es que el default griego sea el eslabón más débil de una cadena de defaults a punto de reventar; como la moratoria de México en 1982, que marcó el inicio de la crisis de la deuda latinoamericana; en 1997, la devaluación de Bath tailandés, que abrió el paso a la crisis del este asiático; y en 2007, los defaults de las hipotecas sub-prime. Es como cuando uno ve una cucaracha en una casa y anticipa una numerosa legión escondida. El tema de fondo es que la economía mundial sigue sin resolver el problema de endeudamiento excesivo de algunas categorías de deudores que nos llevó al pánico del 2008 y al que ahora se suman, además, las ingentes inyecciones monetarias que han venido emitiendo casi todos los bancos centrales en sus programas de estímulo para lidiar con la última crisis. De las grandes economías, la china era la que tenía mejor hoja de balance en el 2008, pero la que mayores estímulos fiscales y monetarios utilizó, y la que más problemas tiene hoy con burbujas inmobiliaria, bursátil y de endeudamiento; el ratio de endeudamiento a PBI de empresas y consumidores de China ha sobrepasado al de Estados Unidos.

Pienso que los historiadores económicos harán un juicio de las políticas macroeconómicas expansivas emprendidas desde el 2008, de su duración e intensidad, y buscarán en ellas la causa de la próxima crisis financiera que, creo, está a la vuelta de la esquina, y que quizá sea peor que la anterior. Y la crítica será no solo por las burbujas provocadas sino, sobre todo, porque dichas políticas han servido de paliativo para dejar de lado el restablecimiento sustentable de la solvencia de países y agentes económicos y la puesta en marcha de las reformas estructurales necesarias.

No esperen mucho de las negociaciones en curso entre la Unión Europea y Grecia, aunque lleguen a un nuevo acuerdo, eso no soluciona ni el problema de la zona Euro ni el problema financiero mundial.