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A 25 años del plan de estabilización, aprovecho la oportunidad para dedicar esta columna a Juan Carlos Hurtado Miller, cuya gestión fue determinante para cambiar el rumbo del Perú, del caos total hacia la senda de relativa prosperidad gozada el siguiente cuarto de siglo. Me consta, trabajé de cerca con él, como funcionario del Banco Mundial. La contribución de Juan Carlos no se ha sabido reconocer como se merece.

La cobertura de prensa estos últimos días ha sido en general pobre y pésimamente informada. Muchos medios han pregonado "el paquetazo" sin ser capaces de diferenciar entre un plan de estabilización bien ejecutado y una caterva de ajustes a los precios básicos para salir del paso. Hasta han llegado a decir que se limitó a ejecutar el plan de Vargas Llosa u otros, cuando las medidas para detener una hiperinflación forman parte de un recetario académico estándar, siendo lo meritorio y difícil la ejecución.

En 1990 el Perú era un Estado fallido, con una hacienda pública arruinada. La pobreza era rampante; los que tenían alguna posibilidad de emigrar lo hacían. El país estaba desabastecido de productos básicos, los hospitales y escuelas públicas carecían de recursos para operar en mínimos, había cortes de electricidad y agua, escaseaba la gasolina, el pan, la leche, los salarios eran de miseria, y eso al momento en que se recibía el dinero porque en días la inflación convertía el poder adquisitivo en nada, como así lo hizo con los ingresos tributarios que cayeron hasta 3% de PBI.

Las únicas actividades que iban para arriba eran la venta de grupos electrógenos, los mercados negros de productos básicos, los comedores populares financiados con ayuda internacional, las compañías de seguridad personal, los paros armados senderistas, el crimen y el narcotráfico. Lo peor de todo era el grado de infiltración de Sendero Luminoso en las universidades y en las instituciones. Si las cosas hubieran seguido así, el riesgo de que Sendero tomara el poder era inminente. Perú era Camboya en vísperas del Khmer Rouge.

Los primeros pasos para detener esa dinámica infernal eran recuperar la viabilidad financiera del Estado y restablecer la racionalidad económica. Eso es lo que hizo el Plan Hurtado Miller, restauró la hacienda pública, estabilizó el valor de la moneda, abolió los tipos de cambio múltiples, puso en marcha la liberalización del comercio exterior e inició la reinserción internacional del Perú. El país volvió a funcionar. Supongo que muchos ciudadanos y empresarios habrán llamado a Juan Carlos para agradecerle su servicio al Perú; si no lo han hecho aún, están a tiempo.