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A Bruno Seminario, el Angus Maddison peruano

Entre 2002 y 2011, la economía peruana creció 6.2% por año, la tasa promedio más alta en cualquier período de diez años consecutivos desde 1930. Le sigue el decenio 1957-1966 (Prado-P. Godoy-Belaunde) en que la economía creció 6.1% por año. Pueden verificar los datos en el portal del BCR –desde 1951– y completar el período con los cálculos de Bruno Seminario en su monumental reconstrucción de las series del PBI desde 1700.

Para los que gobernaron entre 2002 y 2011, el dinamismo de la economía fue cosecha exclusiva de sus reformas, pero el hecho es que tuvieron la fortuna de gobernar durante uno más de media docena de episodios de bonanza que ha vivido el Perú (guano, salitre, caucho, harina de pescado y minería). Hay que reconocerles, no obstante, su cauteloso ahorro de parte del maná que nos trajo el irresistible ascenso de los commodities. Gracias a ello, el Perú está ahora en mejor posición financiera que otros emergentes. Reformas, las hubo en educación, energía y los TLC. En el resto de mediocre a mal.

Entre 2002 y 2011, las exportaciones aumentaron de 8 mil a 46 mil millones de dólares; es decir, se duplicaron cada cuatro años. La mejora de precios explica tres cuartas partes, en tanto que el crecimiento en las cantidades –toneladas de cobre, etc.– solo el cuarto restante. El 6.2% de crecimiento del PBI es inexplicable si uno quita el viento a favor de los precios; en cuyo caso la tasa apenas hubiera alcanzado al 3-4%.

De haberse mantenido la tendencia, hoy las exportaciones habrían alcanzado los 90 mil millones de dólares. Pero la racha cambió de signo; la cifra probable para 2015 es 35 mil millones, es decir, 55 mil por debajo de los 90 mil. Estamos, por tanto, ante un shock negativo y continuado del tamaño del PBI de un trimestre. Lo único que me sorprende es que el PBI ande todavía por el 2% y no en números rojos.

¿Y qué nos depara el 2016? En el frente externo asoma una nueva crisis financiera; el eslabón más débil de la cadena es el mercado de bonos basura, cuyo colapso, ya en marcha, es el anticipo. En el interno, continuará el incompleto ajuste al descomunal lucro cesante de divisas; además, habrá que seguir absorbiendo la penuria del desinfle de las burbujas inmobiliaria y de otros activos, y la mora en los créditos bancarios que nos dejó esta reedición del cuento de la lechera. Hasta ahora, el BCR ha contribuido con generosas inyecciones de reservas y créditos, pero la inflación ya avisa y las reservas son preciosas. Hay otros factores de riesgo –como El Niño y las elecciones–, por lo que mi pronóstico para el PBI en 2016 es 1.5% o menos.