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Economista y asesor financiero

El viernes, el INEI anunciaba que en noviembre el PBI creció 3.96% y que esperaba 4 % para diciembre. Es la única noticia positiva que he leído en la prensa financiera local y extranjera en los últimos tres meses. El INEI presenta el dato como un cambio de tendencia y dice que tiene amplia base sectorial.

Recibo la noticia con entusiasmo y felicito al MEF y el BCR por el hecho de que la economía no haya caído a los números rojos, pero el triunfalismo está fuera de lugar.

En mi opinión, el dato tiene más de "ilusión estadística" que de mejora genuina. Además, estoy convencido de que la actividad económica local se debilitará a medida que avanza la nueva crisis financiera mundial –sobre la que he venido avisando desde esta columna – y que pareciera ya iniciada.

El Perú podrá sobrellevar la crisis mejor que otros emergentes porque el BCR tiene reservas y la deuda pública es baja, pero el ritmo del PBI seguirá en descenso. Ratifico mi pronóstico de crecimiento del PBI para 2016: 1.5% o menos.

¿Ilusión estadística? Sí, así lo creo. La inversión privada y la pública van en descenso y, a pesar de lo que dice el INEI, el consumo privado no puede estar boyante porque las hojas de balance de los consumidores se siguen deteriorando, como lo indica el aumento en la mora en el repago de créditos.

Solo hay dos componentes de la demanda agregada que sustentan el 3.96%: el consumo público (gasto corriente del Estado) que crece 17% y las exportaciones. El consumo público representa alrededor de un décimo del PBI, por lo que dicha variable por sí sola explica 1.7 puntos del 3.96%.

A su vez, el crecimiento en las exportaciones es por la minería, pero es engañoso porque si bien el Perú exporta más volumen recibe menos dólares. Las cuentas nacionales viven en la ficción de que los precios no cambian pero la libra de cobre que llegó a valer 4.5 dólares ahora se vende a 1.95. Como el sector extractivo representa casi 16% del PBI y su producción en toneladas ha aumentado 11%, de ahí salen otros 1.7 puntos.

La conclusión es que del 3.96% anunciado por el INEI, 3.4 puntos son, en mayor medida, una "ilusión estadística" que una mejoría real, a menos que uno crea que mayor gasto corriente en burocracia sea algo deseable o que tener que entregar más toneladas de cobre para acabar recibiendo menos dinero sea algo positivo para la economía.