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Se había anunciado con bombos y platillos que setiembre era el mes en el que, finalmente, la Reserva Federal empezaría a normalizar la situación monetaria. No se planteaba nada dramático, tan solo un aumento inicial desde el 0% –en que ha mantenido su tasa de interés de referencia desde el 2008– hasta el 0.25% o poco más. No ha ocurrido; han dejado la tasa en cero. Ningún banquero central cuestiona la necesidad de normalizar las tasas de interés y empezar a drenar las gigantescas emisiones de liquidez realizadas desde el 2008, pero llegado el momento se busca un pretexto conveniente para postergarlo, esta vez ha sido el riesgo para la economía global que supone la ahora alicaída economía china. Como si en tres, diez o veinte meses dicho riesgo se fuera a disipar.

Hasta hace poco la narrativa monetaria oficial era que las principales economías estaban recesadas, que había exceso de capacidad y que las emisiones y el dinero barato ayudaban a salir de esta situación sin provocar inflación. Lo último era una media verdad pues si bien de momento no hay inflación en los precios de bienes y servicios, ese dinero se ha movido hacia los activos –inflando bolsas, bonos y bienes raíces– y hacia generosos créditos incluso a prestatarios que ya eran dudosos de partida y que ahora tienen problemas para pagar. Pasemos revista a un puñado de excentricidades crediticias recientes. En abril de 2014, Grecia regresaba al mercado a vender bonos por 3 mil millones de euros a cinco años, quince meses después Grecia estaba en "corralito" bancario. En junio 2015, la brasileña Petrobras colocaba 2.5 mil millones de dólares en bonos a cien años, tres meses después sus bonos pasaban al ráting de "basura." Hasta Ruanda –país en genocidio hace dos décadas– y Mongolia –rescatada varias veces por el FMI no hace mucho– salieron en el 2014 a emitir bonos por cientos de millones de dólares.

La Reserva Federal tiene miedo a la mayor apreciación del dólar que vendría con la subida de las tasas de interés, al efecto que ello tendría en los deudores de otros países que se han endeudado en dólares –Grecia y Petrobras solo son la punta del iceberg; tiene miedo también a una corrección súbita de las bolsas como la ocurrida recientemente en China, y sobre todo tiene miedo al efecto de las tasas en el mercado de derivados financieros y a una nueva crisis financiera mundial.

Con la postergación de subida de las tasas no se soluciona nada; la única explicación es el miedo.