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Con la celebración de la Asamblea Anual del FMI y Banco Mundial, Lima se convirtió, por unos cuantos días, en la capital económica del planeta. Toca felicitar a las autoridades por el impecable desarrollo de las muchas actividades que tuvieron lugar. Garantizar la estadía sin incidentes de los trece mil visitantes, y entre ellos varios cientos de ministros y representantes destacados de las finanzas mundiales, no era tarea fácil. El conjunto cercado para la celebración de la Asamblea –conformado por biblioteca, museo, teatro, Centro de Convenciones y Banco de la Nación– funcionó a la perfección. De la veintena de eventos similares a los que he asistido, el de Lima ha sido el mejor organizado.

¿Qué mensajes nos dejaron los expertos? El obvio y políticamente correcto de la mayoría de los ponentes, en los diversos foros, fue el siguiente. El frenazo en el crecimiento de la economía china –que viene para quedarse– ha tumbado el precio de los commodities, causando devaluaciones y estancamiento en el resto de las economías emergentes, cuyas empresas cuadruplicaron sus niveles de deuda en la década anterior y cuya situación financiera empeorará cuando se inicie el ciclo alcista de las tasas de interés. En la audiencia quedaba la idea de que la situación no es fácil pero es manejable.

El otro mensaje, sotto voce pero más preocupante, se resume en la frase: "la estabilidad financiera global aún no esta asegurada", con la que el FMI presentaba su .

Para los que conocemos el recato con el que dicha institución mide sus palabras, la frasecita da pavor. Desde el 2008, la conjunción de abundante liquidez y búsqueda de rendimientos, alternativos a las desdeñables tasas de interés, ha llevado a muchos grandes inversionistas a poner su dinero en instrumentos financieros de alto riesgo –los llamados "derivados"– y nadie sabe bien el tamaño del desastre en caso de una nueva crisis de pagos; de la que pocos hablaban en público pero muchos menos descartaban en privado.

De manera que se vienen tiempos difíciles para la economía mundial, lo que seguirá circunscribiendo el desempeño económico peruano. Por ello, llegar a julio 2016 sin sobresaltos institucionales, que agraven la ya alicaída economía, debería ser objetivo prioritario para todos. En mi opinión, el premier Pedro Cateriano está realizando una buena labor en un contexto muy complejo y su permanencia hace todo mucho menos difícil.