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La semana entrante, tendrá lugar en Lima la asamblea anual del FMI y el Banco Mundial. El evento congrega a los presidentes de los bancos centrales y los ministros de Economía de los casi doscientos países miembros. La asamblea de gobernadores es el equivalente a la junta general de accionistas en una empresa privada. En el FMI quien representa al accionista –cada país miembro– es el presidente del banco central; en el Banco Mundial es el ministro de Finanzas.

Normalmente lo que se decide en la asamblea anual viene ya "cocinado" desde Washington, ciudad sede de ambos organismos, donde se ha negociado cada tema en los respectivos directorios de cada organismo, en que cada país –los grandes– o grupo de países –para los pequeños– tiene un representante permanente o director ejecutivo. Excepcionalmente, sin embargo, en un contexto mundial difícil y rápidamente cambiante, el curso de los acontecimientos puede rebasar los acuerdos que los gobernadores traen listos para firma. Eso ocurrió en la asamblea anual del 2008 en Washington, en plena crisis financiera.

Tengo el presentimiento, mera corazonada, de que algo así podría ocurrir la próxima semana en Lima. Corazonada que sustento en que las finanzas mundiales tienen un mar de problemas a punto de reventar. No es un despropósito pensar que los actores involucrados puedan decidir hacerlos reventar justo durante los dos o tres días en que los mandamases de las finanzas públicas mundiales estarán reunidos.

Hace unos días la jefa del FMI, Christine Lagarde, nos decía que el crecimiento de la economía mundial en el 2015 va a ser menor al 3.4% del 2014 y que el crecimiento del comercio global parece ser aún menor, 2.8%. Por cuarto año consecutivo el comercio global crece menos que el PBI mundial; mal dato, pues en años normales –desde 1950– la tasa de crecimiento del comercio ha sido, en promedio, 1.5 veces el crecimiento del PBI.

Ahora preocupan al FMI sobre todo las finanzas de las economías emergentes. En concreto, los altos niveles de endeudamiento en moneda extranjera de las empresas privadas, en vísperas de la subida de tasas en EE.UU., y los menores precios de las materias primas, que nos han traído el frenazo en la economía china. Las respectivas crisis cambiarias, financieras y la recesión de Rusia y Brasil son un anticipo de lo que podría ocurrir en otras economías emergentes.

La próxima semana, por primera vez, los responsables de las finanzas mundiales se reúnen en Lima. Es una buena ocasión para mostrar lo mucho que tiene el Perú para ofrecer al visitante.