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El resultado de la segunda vuelta es bueno para el Perú y, aunque ella no lo crea, bueno también para Keiko. Este era el último tren presidencial para Kuczynski, pero Keiko tiene treinta años de vida política por delante. Los próximos cinco años le ofrecen la posibilidad de consolidar su liderazgo, realizar una mayor limpieza en sus filas, y sobre todo de llevar a cabo una oposición constructiva y responsable; si juega bien sus cartas, los electores se lo recompensarán en 2021.

Si hubiera ganado la presidencia ahora, teniendo mayoría absoluta del Congreso, el abuso del poder y la corrupción posiblemente habrían sido imparables –soy de los que creen que la corrupción después de Fujimori ha sido probablemente mayor que con Fujimori, Montesinos aparte– sino porque así ocurre siempre que no hay contrapesos entre los poderes del Estado y mucho más con la precariedad institucional y las cotas de corrupción a las que ha llegado el Perú. Una victoria presidencial de Keiko habría supuesto malgastar dos activos políticos en una elección, en un país en que no abundan. La estabilidad macroeconómica de los últimos 27 años ha venido en entregas sucesivas de cinco años, algo negativo para la planeación de las inversiones y el crecimiento. Con Kuczynski 2016 y la posibilidad de Keiko 2021 se abre por primera vez la perspectiva de una entrega de diez años.

Escribo desde la maravillosa ciudad costera de Dubrovnik, donde participo en la conferencia sobre las perspectivas de la economía global que organiza todos los años el Banco Nacional de Croacia. La primera edición, que tuvo lugar en 1995, fue un ejercicio de relaciones públicas del gobierno croata dirigido a conseguir la buena disposición y el apoyo de la comunidad internacional y sobre todo de los organismos financieros internacionales. Yugoslavia había dejado de existir después de ocho décadas como nación y se había desintegrado en seis estados independientes, Croacia entre ellos. La guerra con Serbia continuaba en el campo de batalla de la limítrofe Bosnia. Croacia había logrado estabilizar la economía en 1993 después de sufrir una hiperinflación y necesitaba apoyo internacional.

He tenido la fortuna de ser invitado a las 22 ediciones de la conferencia, que siempre es en junio, lo que me ha permitido constatar la evolución del turismo, de un año a otro, que hoy es el sector más boyante de la economía con 18 millones de visitantes anuales –casi cinco veces la población– e ingresos de divisas que representan un tercio del PBI. Cuando aterricé en el aeropuerto de Dubrovnik por vez primera en junio de 1995, el único otro avión en la pista era el de UNPROFOR (los cascos azules de la ONU), hoy aterrizan más de cien vuelos diarios con turistas.

La tónica de esta última conferencia ha sido el pesimismo sobre el futuro de la Unión Europea: las consecuencias del referéndum británico del próximo jueves sobre la permanencia en la Unión y la insuficiencia de las reformas en los países mediterráneos.