Alexandra Ames
Alexandra Ames

Esta semana, el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis) anunció el mayor nivel de ejecución de su presupuesto en toda su historia desde su creación en 2011, el cual fue del 98.6%. También sostuvo que las metas de los programas sociales llegaron al 100%. Sobre estos hechos debo hacer una aclaración.

En primer lugar, gastar más no es sinónimo de gastar mejor. No es posible que hasta ahora no contemos con indicadores capaces de medir la real calidad del gasto y el impacto de lo logrado en un año de cobertura.

En segundo lugar, llegar al 100% de la meta no significa que se llegó a cubrir a toda la población objetivo, sino que se logró cubrir lo que al inicio de año se programó, que fue bastante modesto.

Los mejores avances que ha tenido el Midis fueron durante el gobierno anterior, sabiendo superar su propia valla en términos de calidad y cantidad.
Ha sido el Midis el que acuñó la importancia de realizar evaluaciones de impacto y de hacer gestión de políticas públicas con base en la evidencia. Sobre ello, el actual gobierno no ha hecho nada más que repetir como en piloto automático lo heredado por la gestión anterior.

Hubiera esperado que el gobierno de la “Revolución Social” utilice estrategias innovadoras para llegar a las zonas más alejadas, donde está la mayor incidencia de pobreza y de inadecuadas condiciones de vida. Se han reconocido 2,071 comunidades nativas. El Midis debería tener el 100% de cobertura.

A la fecha Foncodes, con Haku Wiñay, el programa que ha mostrado gran impacto en reducción de la pobreza, tiene una brecha del 95% de cobertura en comunidades nativas. Es decir, solo llega al 5%. Cuna Más, programa clave para romper con la herencia de pobreza, ni siquiera mide su atención a la población rural por comunidades nativas. Esto quiere decir que no sabe a cuántas comunidades llega y a cuántas le falta llegar. Los otros programas sociales tienen una brecha de más del 35% solo en estas zonas. Como podemos ver, la revolución social está aún en recreo.

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