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Guido Lombardi,Opina.21glombardi@peru21.com

Con enormes brechas económicas y sociales que generan permanente conflictividad social, pero, además, con un Estado que no funciona y con una clase política fragmentada y desarticulada.

En tal escenario, la valoración positiva de la figura del presidente Ollanta Humala en las encuestas se explica, según Levitsky, porque este gobierno ha hecho inversión seria y sostenida en políticas sociales.

La aseveración resulta tan certera como el retrato. En ese terreno, hay una diferencia notable con las administraciones anteriores, y no solo en relación a los montos invertidos.

Hay una diferencia de concepción y de capacidad ejecutiva. Un buen ejemplo de eso es el programa Qali Warma, creado el año pasado, con el propósito de brindar un servicio alimentario de calidad, adecuado a los hábitos de consumo locales, es decir, comida rica nutritiva y variada a 2,7 millones de niños y niñas de todo el país.

El énfasis de este programa, como es natural, estará en los sectores que se encuentran en pobreza y en pobreza extrema, al punto que el primer esfuerzo se pondrá en las casi 3 mil escuelas que pertenecen al quintil que jamás ha recibido el apoyo de algún programa social.

Para ello, hay que dotar de almacenes, comedores, cocinas y equipamiento adecuado a todos locales escolares que carecen de lo más elemental: el 81% no tiene cubiertos ni platos, el 65% no tiene comedor, el 56% no cuenta con abastecimiento de agua, el 38% no tiene ollas.

El desafío es enorme y requiere la participación de diversos actores, públicos y privados, para su puesta en marcha.

Si muchos de nosotros, empresas e individuos, participamos de la gesta que se inicia, con niños bien alimentados y en mejores condiciones de aprender, el retrato puede comenzar a cambiar.