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Fernando Maestre,Opina.21fmaestre@peru21.com

Todo padre sabe que con la llegada de los 10 años su hijo o hija habrá puesto un pie en la pubertad, lo cual significa grandes cambios. En esta etapa aumentan las hormonas masculinas y femeninas. Así, el niño crece más y desarrolla músculos y genitales. En tanto, la niña desarrolla pechos, caderas y empieza la regla. Esto no siempre será del agrado del joven, pues ha estado acostumbrado a vivir sin cambios llamativos. Asimismo, las emociones centradas en sus amigos se anhelan: el grupo cambiará su conversación a temas más adultos. El nuevo cuerpo inquieta al púber y hasta lo incomoda. La inquietud sexual habrá aumentado, la masturbación habrá aparecido y los controles de estas actividades pueden ser incompletos, y se suma a esto sentimientos de vergüenza y culpa. Por eso, muchos púberes no quieren bañarse, para no enfrentarse a su nuevo cuerpo. La inquietud sexual aumenta –será tema de conversación– y aparece la posibilidad de enamorarse y recibir el primer beso. El reto de estos jóvenes es saber despedirse del cuerpo de niño y de los sueños y las ilusiones. Incluso cambiará el vínculo con los padres.

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