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Redacción PERÚ21
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Carlos Basombrío,Opina.21Había decidido no escribir por un tiempo sobre la novísima gestión del ministro del Interior, Daniel Urresti. Ofreciéndolo todo y para pasado mañana está capitalizando la desesperación frente al avance intolerable de la delincuencia.

Es comprensible que demanden "darle el beneficio de la duda". Muchos sintonizan con su idea de que es cuestión de motivación para obtener resultados importantes en un mes, como le ha reiterado Urresti a El Comercio el domingo. ¡Ojalá fuera posible que los problemas se solucionen así!

Pero las cosas han cambiado. El nuevo ministro y el presidente Ollanta Humala nos habían ocultado que Urresti está enfrentando un proceso por el asesinato del periodista de Caretas Hugo Bustíos en 1988, en Ayacucho. Tanto al ministro como al presidente les parece suficiente decir que es un juicio injusto y tardío, que es el fruto de la venganza lunática de un colega de armas y que no debe quedar duda de la inocencia del ministro.

Sin embargo, personas que conocen de estos temas han explicado que los indicios sobre su posible participación en este horrible crimen no son tan desdeñables como se alega y que hay cinco testigos que, de diversas formas, complican su situación.

Por supuesto, nada de eso lo hace culpable y hay todavía quienes argumentan la presunción de inocencia para que pueda continuar en el cargo.

Me impresiona escuchar que personas que descalificaban (con razón) al regidor Pablo Secada para postular a la Municipalidad Metropolitana de Lima porque su exmujer lo había denunciado en la comisaría, por haberla golpeado, relativicen hoy la urgencia de que Urresti salga, con el argumento de que está haciendo bien su función y que sería una desgracia tener que buscar al séptimo ministro del Interior.

Lo es, sin duda, pero la responsabilidad exclusiva de que estemos ante ese predicamento es del presidente. Humala sabía y no le pareció un problema para ponerlo en el cargo.

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