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Alexandra Ames
Alexandra Ames

Sabemos de la importancia de la inclusión financiera para generar mejores oportunidades para la prosperidad, sobre todo en zonas rurales. Pero poco nos hemos puesto a pensar en la importancia de las remesas en los procesos de bancarización y en la oportunidad que este flujo de fondos implica para la colocación de microcréditos.

En 2016, las remesas que llegaron del exterior ascendieron a 2,884 millones de soles, 124% más que lo recaudado hace 12 años.

De hecho, las remesas han crecido 25 veces desde hace solo 30 años. Este crecimiento constituye hoy medio punto de nuestro PBI o, más específicamente, 8.6% del PBI de los servicios financieros, seguros y pensionarios de 2016.

Si bien las remesas a nivel individual no constituyen un flujo regular, el mercado financiero podría identificar segmentos de personas cuyos envíos signifiquen parte importante de su ingreso o donde se demuestre constancia suficiente para que puedan tener acceso a créditos.

En el mundo rural, esto es mucho más retador. Con la baja participación del mercado financiero en estas zonas, existen pocas oportunidades de llevar las remesas hasta esos territorios, tanto del extranjero como de las zonas urbanas dentro del país. No obstante, si el sistema financiero quiere pensar en real inclusión financiera, debería apostar por abrir más canales de acceso a créditos y fondos para que el mundo rural se dinamice al máximo. ¿Se imaginan las brechas que se podrían cerrar si se abre la oportunidad de colocar microcréditos agrarios a personas que demuestran solvencia en sus remesas? Esto, acompañado de políticas de Estado que asesoren bien la inversión, sería un golazo.

Finalmente a los bancos, como al país entero, les interesa que nuestros campesinos sean empresarios exitosos que sean capaces de ganar y gastar mejor.

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