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Juan José Garrido,La opinión del directordirector@peru21.com

De los 19 presidentes regionales cuestionados, dos ya están a disposición de la justicia y uno tiene orden de captura. Esperamos que los otros 16 sigan el mismo camino, y que todos deban enfrentarse al estricto cumplimiento de las leyes y a los juzgados nacionales.

Muchos se preguntan (otros cuestionan) cómo funcionarán los gobiernos regionales descabezados. En efecto, es importante que las regiones estén organizadas y estructuradas de forma que puedan cumplir sus roles. Sin embargo, ello resulta secundario frente al fiel cumplimiento de la ley, más aún cuando de corruptelas de diversa índole y asesinatos (como en el caso Áncash) se trata.

Como en toda actividad pública, de nada sirve si el responsable es un buen ejecutor cuando en el proceso despilfarra o se adueña de recursos. No habla bien de su capacidad de gestión, sino que revela su avidez por la corruptela monda y lironda.

Una acción firme ante los desmanes de estas autoridades regionales da un mensaje claro a la ciudadanía: no estamos dispuestos a tapar las corruptelas y malos manejos. Es también un mensaje a los aventureros políticos, esos que, en medio de esta crisis de la partidocracia, apuestan todo o nada a llegar a puestos públicos para escalar económica y políticamente.

Sin embargo, son los partidos políticos los que deben sentirse cuestionados de igual manera. Es cierto que la mayoría de estas autoridades regionales no están identificados con la partidocracia tradicional, pero ello ocurre como efecto secundario de la podredumbre partidaria. Si los partidos políticos hicieran bien su trabajo (formando cuadros, estableciendo alianzas, produciendo propuestas, entre otros), las regiones participarían de dicho proceso, y –casi seguro– con mayor entusiasmo que en Lima.

Por último, es necesario hacer hincapié en un factor importante de estos entuertos regionales: la impresionante cantidad de recursos que flotan entre los distintos estamentos estatales. Hay tanta riqueza dando vueltas y tal necesidad de cerrar brechas que debemos estar más alertas que nunca, con mayor razón si tomamos en consideración nuestra precariedad institucional.

Mucho por hacer, recursos sobran, pero, como siempre, falta institucionalidad política.