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Fritz Du Bois,La opinión del directorSe va calentando la revocatoria, y no es para menos. De los puestos elegidos directamente por el electorado, después del presidente es el alcalde de Lima –por el hecho de que en la capital vive casi la tercera parte de los peruanos– el segundo cargo más alto. Así que ambos bandos se van a quitar los guantes y van a pelear la campaña a puño pelado.

Por el lado de los revocadores ya no hay duda alguna de quién está maquinando detrás de la columna. El anterior burgomaestre, luego de fracasar en su intento por llegar a mandatario, quiere regresar, lo antes posible, a sentarse nuevamente en el sillón al que se había acomodado.

Sin embargo, no es nada trasparente el que no salga a liderar la campaña abiertamente, ni tampoco lo es que los recursos que utilizan no estén debidamente acreditados. Al final de cuentas, es una campaña electoral como cualquier otra y, por tanto, se debe cumplir con informar cómo se están financiando. En caso contrario, estaríamos retrocediendo a las épocas en las que, con pisco y butifarras, se compraba el sufragio. ¿Qué legitimidad puede tener una revocatoria que nadie está financiando ni liderando?

Mientras que en la esquina de la alcaldesa es aún más alarmante la falta de transparencia, ya que podría haber recursos públicos involucrados. Incluso, el regreso del asesor brasileño que muchos consideran que fue determinante en voltear la elección presidencial a favor de Humala levanta la suspicacia de saber quién le estará pagando sus muy abultados honorarios.

Más aún, dos empresas brasileñas ya han recibido contratos en Lima por más de mil millones de dólares, y bien podría haber otros encaminados. Por lo que no estarían, en lo absoluto, interesados en que la comuna cambie de manos. ¿Qué más conflicto de interés puede haber que el tener costosos titiriteros pagados por los concesionarios? En todo caso, ya es hora de que el Jurado cumpla con su trabajo.