Refriega sin gloria. (GEC)
Refriega sin gloria. (GEC)

La irrevocable renuncia a la vicepresidencia de la República que suscribió anoche Mercedes Araoz inclina la balanza de la confrontación a favor del presidente Martín Vizcarra. Aunque todavía este no consigue armar un gabinete, resulta evidente que la decisión de Araoz se debe al rompefilas de sus aliados de última hora.

Al cierre de esta edición, las bancadas que se negaban a aceptar la disolución del Congreso de la República estaban cambiado de postura y conversaban sobre su reorganización con miras a las inminentes elecciones de 2020.

Más temprano, consumada la disolución del Parlamento, la ciudadanía vivió horas de tensa calma. Salvo aislados incidentes desatados por la aparición de conspicuos miembros del disuelto Congreso en las inmediaciones de la plaza Bolívar, las calles estuvieron básicamente tranquilas. Y aunque en las instalaciones del Legislativo un grupo todavía se resistía a soltar su curul, esos personajes se limitaron a dar agitadas declaraciones a los medios y a interactuar en las redes sociales con mensajes –amenazantes casi todos– contra el presidente Vizcarra.

Es evidente que no estamos ante un atropello a la Constitución como el perpetrado por Alberto Fujimori el 5 de abril de 1992, que antecedió al enquistamiento de una mafia civil militar que terminó desvalijando al Estado peruano a extremos jamás vistos. Pero la desprolija respuesta presidencial a las prepotencias de la mayoría aprofujimorista ha dejado lastimosos flecos sueltos.

El demorado desenlace que hoy vivimos no ha dejado héroes ni villanos, y nuestra democracia tendrá que esperar aún el pronunciamiento del Tribunal Constitucional para saber bien a qué atenerse.

La convocatoria presidencial a elecciones generales, el 26 de enero de 2020, ya apareció en el diario oficial El Peruano, y tanto el Reniec como el Jurado Nacional de Elecciones han emitido directivas y resoluciones para avanzar con los prolegómenos de estos nuevos comicios. Pero el camino a seguir hasta ese día aún dista de estar claro y, mucho menos, despejado.