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Es muy gratificante cuando incorporamos algún cambio positivo en nuestros hábitos alimenticios y obtenemos buenos resultados.

Nos sentimos mejor. Hay que reforzar esta actitud. En tal sentido, es importante ser conscientes del tiempo que estamos evitando alimentos inadecuados o, por el contrario, consumiendo un alimento nuevo y sano. También hay que evaluar cómo nos sentimos en este proceso.

Motivémonos. Aun si el resto de la dieta no es ideal, el hecho de incorporar pequeños ajustes –eliminar las frituras o comer verduras tres veces al día, por ejemplo– nos debería generar satisfacción porque ya estamos marcando una diferencia.

De esta forma, conseguiremos, poco a poco, pequeños triunfos que favorecerán nuestra salud. Sin darnos cuenta, y en menos tiempo de lo imaginado, los cambios serán variados y permanentes. Reducción del exceso de peso, regulación de la presión arterial en casos de hipertensión, descenso de los niveles de glucosa (azúcar) y lípidos (grasas) en sangre cuando están elevados, mejora de la digestión, incremento del rendimiento físico e intelectual, en fin, son algunos de los beneficios.

¡Bienvenido el cambio!