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Carlos Tapia, Opina.21ctapia@peru21.com

La CGTP demostró su capacidad de convocatoria el viernes 4 de julio y la presencia del Frente Amplio de la izquierda pudo ser mayor. Todo esto dentro de un humor protestatario "para que se escuche al pueblo". Los cuestionamientos a la ley del Servicio Civil y al proyecto de nueva Ley Universitaria fueron los que animaron la movilización.

Sin embargo, todos estaban de acuerdo en que se requerían profundas reformas en ambos sectores. Pero, cuando se les decía a los estatales que la meritocracia se iba a encargar de disciplinar a los holgazanes, insistían en que eso estaba bien en los papeles, pero que en la práctica se iba a despedir a los dirigentes y se incorporaría a los amigos de los jefes y gobiernistas. Aunque, lo más importante, que no los habían convocado para escuchar sus puntos de vista.

En el caso de los universitarios, la mayoría reconocía que eran mafias de autoridades en combinación con sectores de profesores y delegados estudiantiles las que eran responsables de la medianía académica y la arbitrariedad interna existente.

También señalaban que el proyecto de ley tenía cosas buenas, como el voto universal para elegir al rector, la calificación de las universidades, los incentivos a la investigación, etc. Sin embargo, también el principal reclamo es que no se les había permitido exponer sus propuestas.

Como se ve, estas dos reformas pueden ser exitosas si se logran superar las desconfianzas y se consigue construir una voluntad compartida con las partes interesadas. Así, la jornada del 4 de julio habrá conseguido su cometido. Aunque estamos viendo solo las aspectos administrativos de la reforma estatal.

Una reforma política, contra la privatización del Estado, como lo sostuvo el presidente Ollanta Humala en la XXI Cumbre Iberoamericana en Paraguay, el 30 de octubre de 2011, supone decisiones más importantes y valientes.