Sin verdad ni reconciliación

Keiko Fujimori

La lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, fue detenida esta mañana en el Cercado de Lima. (Foto: USI)

La lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, fue detenida esta mañana en el Cercado de Lima. (Foto: USI)

Cecilia Valenzuela
Cecilia Valenzuela

Después de los acontecimientos políticos ocurridos las últimas dos semanas, vale preguntarse cómo funcionará el Congreso en adelante. El mensaje de reconciliación enviado por Keiko Fujimori para recuperar la fuerza del partido, no surtirá ningún efecto. Fuentes confiables refieren que Kenji visitó a su hermana para aliviar, de alguna manera, la preocupación y la angustia que aqueja a sus padres. Pero que demasiada agua ha corrido bajo ese puente.

Fuerza Popular hace esfuerzos por mostrar unidad, pero, la verdad, es muy frágil lo que queda de la “fuerza número uno”. Rolando Reátegui contaría con el respaldo de algunos congresistas provincianos; ninguno de ellos reconocerá a Miki Torres, designado por Keiko, como su vocero. Pero tampoco lo harían los que integran el grupo que apoya a Daniel Salaverry.

Los más bullangueros, pero claramente peor parados, son los del chat de La Botica; ellos están acompañados por los que llegaron de otros partidos para las elecciones de 2016, Alcorta, Galarreta; finalmente comparten formas y fobias.

Pero a ellos se opondrían, internamente, por lo menos 26 que se pegarían a Salaverry. Y no necesariamente porque consideren que el actual presidente del Congreso podría ser su líder, sino porque esa es la indicación que les habría dado Joaquín Ramírez. El secretario general de la organización que tuvo que renunciar cuando un informante de la DEA delató sus afanes aeronáuticos.

Ramírez y Salaverry se conocen bien: Salaverry le vendió a Ramírez sus acciones del club Mannucci, y esa amistad le valió para postularse a la alcaldía de Trujillo en 2014 por Fuerza Popular.

Fuentes confiables sostienen que iniciada la calamitosa crisis que enfrenta el keikismo, Salaverry se puso en contacto con Ramírez. Afirman que Daniel Salaverry habría mantenido estos días conversaciones constantes con el ex dirigente.

La idea de que cinco congresistas visitaran Palacio de Gobierno mientras Keiko Fujimori estaba detenida, habría surgido, precisamente, de esas conversaciones. La delegación fue encabezada por Miguel Castro Grandez, las fuentes explican que Castro es muy amigo de Jaime Yoshiyama, y que fue Yoshiyama quien llevó a Ramírez al fujimorismo.

Los ‘Avengers’ dependen de la Presidencia del Congreso para hacer realidad el sueño de la bancada propia. ¿Negociará Salaverry con ellos?
A este nivel de fragmentación se ha reducido, en solo dos años, un partido político que contó con una mayoría extraordinaria en el Legislativo.

Es que el keikismo nació con una falla geológica. La capacidad de liderar y conducir un movimiento político no se hereda. Aun para pintarse de “caudilla” hay que tener algunas ideas, un plan para el mediano y largo plazo, un proyecto aterrizado. En todos los años que Keiko Fujimori le dedicó a su organización, no publicó un solo libro ni un ensayo que plasmara su pensamiento político.

Aglutinar seguidores a partir de un objetivo: el de obtener la libertad de Alberto Fujimori, le bastó para llevar una bancada al Congreso que se inauguró en 2006. Para las elecciones de 2011, esa inercia, pero sobre todo la coyuntura, toda la izquierda alrededor de Ollanta Humala, le sirvió para pasar a la segunda vuelta y atraer los votos preocupados por la amenaza del chavismo.

Esa posición debió servirle para crecer, para desarrollar una doctrina, para estudiar el país, su historia y sus vericuetos políticos.

¿Trató de hacerlo? Quizá. Su conferencia en la universidad de Harvard podría indicar que lo intentó. Pero la intención no alcanza. Su enorme inseguridad se tradujo pronto en verticalismo y sucumbió al círculo cerrado, a la cúpula, a los asesores dentro y fuera del partido, pero siempre a la sombra.

Perdió en 2016 y ni ella ni su círculo lograron reponerse del enojo. Y como no había ideas, se impusieron los malos sentimientos y los peores defectos.
La cúpula del keikismo actuó con base en objetivos de cortísimo plazo. Para proteger el protagonismo de su dirigencia, se opuso al indulto de su líder histórico. Y dinamitó su alternativa, desaforó a Kenji del Congreso, pisoteando y desvirtuando la razón por la que las bases fujimoristas se reunieron y trabajaron para formar la organización que derivó en Fuerza Popular: la libertad de Alberto Fujimori. El inicio y el fin.

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