(Perú21/Renzo Salazar)
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El fujimorismo ha sido terrible desde el inicio de este gobierno. Dieron siempre la peor impresión política, fueron siempre confrontacionales y dieron la apariencia de buscar más una venganza por haber perdido las elecciones que el bienestar del país. Keiko Fujimori no saludó a PPK hasta mucho después de su victoria y el poder que tenía la mayoría fujimorista en el Congreso no se usó para hacer las grandes reformas que el país necesita.

Todo lo anterior pinta a Fuerza Popular como un partido nocivo para el país. El fujimorismo, como movimiento, es terrible. ¿Eso significa que cualquiera que se les oponga es bueno? ¿Eso significa que Martín Vizcarra es un héroe, por enfrentarse contra ellos? De ninguna manera. Y el problema, para mí, es que oponerse al fujimorismo lo está convirtiendo en un dios y le está dando más popularidad y poder del que imaginó.

Oponerse a Fuerza Popular significa, hoy, que no importa qué hagas, no importa si mientes, todo el Perú te va apoyar. No importa si las reformas presentadas por Vizcarra estuvieron mal hechas o no, no importa si los proyectos no servirán para nada, solo importa si es antifujimorista. Creo que no estamos midiendo el peligro que supone la polarización que hemos alcanzado. Nos estamos convirtiendo, poco a poco, en el rebaño del gobierno, incapaces de cuestionar por un segundo aquello que hagan.

Y, ¿por qué es eso malo? Porque ahora el presidente puede mentir sin que nos demos cuenta, o nos tomemos el trabajo de intentar descubrirlo. Porque bajamos la guardia y es ahí cuando podemos perderlo todo.

La semana pasada fuimos testigos de un hecho, cuando menos, extraño. César Villanueva dijo, en repetidas ocasiones, que el gobierno supo de la huida de César Hinostroza desde el 7 de octubre. En otras palabras, que nos ocultaron su fuga. Sin embargo, al día siguiente, Martín Vizcarra dijo que ello se trató de un lapsus del premier y que en realidad quiso decir 17. Además, dijo que ellos han ido soltando la información conforme la han ido recibiendo.

Pero si uno observa los videos con cuidado se dará cuenta de que hablar de un lapsus es un poco increíble. Villanueva repitió la misma fecha por lo menos 5 veces y fue muy claro al respecto. Además, dijo en más de una ocasión que él mismo retardó el video del escape de Hinostroza en aras de la gobernabilidad del país. Pero lo más grave para mí no es la mentira. Lo más grave es que no sea un escándalo.

Lo más grave es que seamos capaces de dejárselo pasar a Vizcarra y a Villanueva solo por el hecho de que hoy representan lo que el anti fujimorismo quiere en el gobierno. Ese es un poder muy peligroso, porque ya no importa la verdad, solo importa destruir al fujimorismo. De paso, podríamos destruir nuestras ya frágiles instituciones.

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