(GEC)
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Es una buena señal que la Sociedad Hoteles del Perú, que reúne a las principales cadenas hoteleras del país, diga que el transporte de concentrados de minerales hacia el puerto General San Martín, que atravesaría el corazón de la Reserva Nacional de Paracas, es una actividad incompatible con el turismo y la conservación. Con esto, los grandes hoteles se han sumado a operadores turísticos, pescadores, vecinos y especialistas en desarrollo sostenible, que desde hace mucho tiempo vienen alertando del daño inminente del proyecto.

El puerto ya está en proceso de ampliación y operando de acuerdo a la autorización que el Estado otorgó en 2016. La discusión ahora es la nueva inclusión del transporte de cobre y zinc (y posiblemente plomo) y el consecuente incremento de al menos 13 mil camiones al año que atravesarán de ida y vuelta la reserva.

El caso del puerto de Paracas es un excelente ejemplo de una visión corta que no considera el valor ambiental y el retorno que año a año ese lugar trae al país. Tampoco considera el daño que le generará al turismo local. ¿Ha existido un análisis costo-beneficio real, que es una herramienta esencial para aprobar un proyecto así de invasivo, sobre todo si impacta tan directamente a una reserva natural? Los daños que se generarían son injustificables para una inversión que inteligentemente se podría dirigir a otro lado.

Paracas no solo es un espacio natural sin igual, lo que debería darle un valor en sí mismo, sino que es el segundo destino turístico del Perú, con cerca de medio millón de visitas al año. Esto significa un flujo de recursos y generación de empleo directo en la zona que el puerto bajo ningún escenario podrá reemplazar. Ponerlo en riesgo es matar a la gallina de los huevos de oro.

Las reservas naturales no pueden estar en riesgo cada vez que a alguien se le ocurra una idea de negocio. Senace tiene que darse cuenta.


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