(GEC)
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La principal razón por la que se nos está recortando el derecho de tránsito tan drásticamente es porque no hemos sido capaces de mantener el aislamiento social voluntario. Los que no brindamos servicios esenciales teníamos que quedarnos en casa y salir solo para los asuntos indispensables, pero nos fuimos a la playa, de juerga, al parque y a jugar fulbito. Solo se trataba de tener algo de criterio y responsabilidad hacia los demás, pero a la primera actuamos como si estas fuesen vacaciones. Haberlo hecho es una irresponsabilidad hacia uno mismo y hacia otros, a quienes podemos terminar afectando por nuestro individualismo y falta de criterio.

Tengamos en cuenta que los síntomas del coronavirus en promedio recién aparecen en nuestros cuerpos a los cinco días del contagio, así que tranquilamente podemos ser portadores. Simplemente no lo sabemos. Recién han pasado tres días efectivos de cuarentena y muchos recién sabremos si estamos enfermos en los siguientes días, lo que hará que el número de infectados siga creciendo. El número oficial de infectados no es el número real. Así que no veo otra salida que endurecer las medidas porque, estimado lector, creo que no estamos entendiendo la gravedad del asunto. Basta leer a cualquier epidemiólogo serio o escuchar a los médicos en Italia o España para saber que este es el momento de actuar.

El cálculo que ha realizado Imperial College London es que el distanciamiento social ha llegado para quedarse por mucho más que unas pocas semanas, seguro varios meses de manera intermitente, hasta que realmente se pueda frenar del todo la expansión del virus. Además, el consenso científico es que las vacunas no aparecerán hasta dentro de más de un año. Así que lo mejor es asumir esta situación como nuestra nueva realidad.