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Guido Lombardi,Opina.21glombardi@peru21.com

Pero lo que resulta de veras indignante es la utilización política que se pretende hacer de estos lamentables acontecimientos.

Hay quienes han pretendido, por ejemplo, retroceder en el tiempo para volver al Pronaa (Programa Nacional de Asistencia Alimentaria), pensando que hemos olvidado los niveles de ineficiencia, corrupción y falta de cobertura de esa malhadada institución. ¿No recuerda, señor Fujimori, los 26 niños muertos en Taucamarca por un desayuno contaminado con Parathion?

Por otra parte, un alto funcionario del régimen pasado se escandaliza porque el presupuesto es cuatro veces superior al del Pronaa. Es cierto y está muy bien que así sea: queremos darle igualdad de oportunidades a todos los niños y no solo a los que pertenecen a distritos donde tenemos alcaldes amigos. Quienes no fueron capaces de elaborar, en cinco años, una lista única de beneficiarios de programas sociales para seguir haciendo clientelismo político con ellos, no tienen derecho al pataleo.

Además, el Pronaa atendía a 1.6 millones de niños y entregaba raciones únicamente durante 90 de los 191 días del año escolar. Solo la mitad de los niños consumía la ración porque a la otra mitad no le gustaba.

Qali Warma no es un programa del gobierno sino de todos los peruanos. La crítica es saludable en la medida en que busque que la alimentación sea cada vez mejor y más adecuada a las costumbres y los productos regionales.

Sus errores iniciales se originan, probablemente, en lo ambicioso de la propuesta que pretende atender a niños que nunca recibieron ningún tipo de ayuda.

Más que dinamitar una iniciativa como esa nos toca contribuir a su perfeccionamiento.