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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

Son los mismos enemigos que han enfrentado todos aquellos que han pretendido un mejor destino para sus pueblos. Que han intentado, con aciertos y errores, desmarcarse del fatalismo que redujo a los latinoamericanos a ser una simple comparsa en el concierto de naciones y que han pretendido romper el aislamiento al que nos han forzado los grandes intereses económicos y geopolíticos.

La diferencia ha estribado en esa suma de potencia e irreverencia que caracterizó a Hugo Chávez. Y si bien en algunas oportunidades nos hacía sentir que compraba pleitos inútiles y, en otras, que el silencio hubiese sido más útil para su causa que sus encendidos discursos, debemos admitir que logró avanzar con propuestas que hoy son felices realidades, como la Unasur, la Celacs y el ALBA.

Propuestas que han trascendido el marco de lo formal y que han sido internalizadas por un número antes inconcebible de latinoamericanos y caribeños.

Dichas propuestas, que apuntan a la conformación de un sólido bloque regional y que están contenidas en los idearios de Bolívar, Martí y Perón, han avanzado gracias a la desmesura apasionada del expresidente venezolano y a esa suerte de coraje casi suicida con el que aceptaba sus retos.