Alimentando zombis
Alimentando zombis

Es muy humano eso de buscar una razón para aplazar decisiones difíciles. En alguna columna lo bauticé como síndrome de San Agustín, quien, pecador en su juventud, rogó al Señor que le diera la castidad, añadiendo “pero todavía no”. Aunque hay consenso entre los banqueros centrales sobre la necesidad de ir normalizando la situación monetaria, siempre buscan una coartada para retrasar el ejercicio. Normalizar, en este contexto, quiere decir retirar paulatinamente el torrencial de emisiones monetarias de los últimos diez años y subir la tasa de interés a un nivel realista, que cubra por lo menos la tasa de inflación. Esa era la intención del Banco Central Europeo desde hace un par de años. Ya no; esta semana, su presidente saliente, Mario Draghi, ha anunciado que, como la situación económica de la Eurozona se está deteriorando, va a mantener la tasa en cero y va a seguir inyectando liquidez. Los bancos centrales de EE.UU., UK y otros también han interrumpido el proceso de normalización.

En mi opinión, la era del dinero gratis ha ocasionado muchos problemas y prolongarla los seguirá agravando. A la postre, el ajuste tendrá que ser mayor y peor. Uno de estos problemas es el de las empresas zombis. Lo expliqué en una columna hace un año y retomo el tema porque el Banco Internacional de Pagos o BIS (que es el banquero de los bancos centrales) acaba de publicar los resultados de un análisis de una muestra de 32,000 empresas de 14 países desarrollados ().

Se define como zombi a la empresa que, durante un periodo prolongado, registra una utilidad antes de intereses que es insuficiente para cubrir el pago de estos. El caso es que, desde el fin de la crisis hasta hoy y, según el BIS, el porcentaje de zombis en los EE.UU. se ha duplicado del 5% al 10% del total de las empresas que cotizan y más por venir a medida que suben las tasas. El porcentaje es similar en Europa y mayor en China. Los números crecen si uno aplica la métrica más exigente del FMI que las define como aquellas cuya utilidad-pre no alcanza para cubrir el doble de los intereses.
El crecimiento de la población de zombis financieros es otro de los legados nefastos del torrencial de dinero con que los principales bancos centrales han chorreado a los mercados de capital –unos 16 billones de dólares o 20% del PBI mundial entre 2008 y 2019– dando carta de naturaleza a la absurda idea de que el dinero gratis es inmortal. Se preocuparon solo del riesgo de deflación y dejaron de lado la escalada de riesgos financieros que, a la última, nos pueden llevar a una situación peor que la de 2008.
Cuando el financiamiento moviliza exclusivamente el flujo de ahorro genuino de particulares y empresas, y dicho ahorro se canaliza a tasas de interés realistas, las zombis se ven forzadas a reestructurarse para evitar la quiebra. En cambio, cuando los bancos centrales inflan la disponibilidad de dinero con emisiones, las zombis pueden sobrevivir sin ajustarse.

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