(Foto: Alessandro Currarino/ El Comercio)
(Foto: Alessandro Currarino/ El Comercio)

Para quienes tenían dudas sobre lo que iba a ser este gobierno –entre los que, desde luego, no se cuenta Perú21– el nombramiento de Guido Bellido en la Presidencia del Consejo de Ministros debe haber sonado como un cañonazo ensordecedor. Pero, aunque el zumbido en los oídos seguramente lo tendremos todos cada vez que escuchemos ese nombre, el mensaje, ahora sí, es más claro que el agua de un puquio.

Si Guido Bellido no es un apologeta desembozado de Sendero Luminoso, es porque la justicia peruana es ciega, pero también sorda, muda y, sobre todo, lerda. El flamante premier tiene una investigación fiscal abierta bajo esa presunción y que, otra vez, como en los casos de Vladimir Cerrón y Guillermo Bermejo, con la cantidad de evidencia acumulada en su contra, no son pocos los que piensan que a estas alturas ya debería estar tomando sol a cuadritos.

Y, sin embargo, desde hoy mismo lo tendremos trajinando diariamente los pasillos de Palacio de Gobierno, por lo menos hasta que el presidente Pedro Castillo, como ha anunciado, termine de convertir en museo esta ilustre sede presidencial.

Lo que en cambio no son reliquias de museo –salvo que en el Lugar de la Memoria se creara una sala especial para este tipo de barbaridades– son sus declaraciones que ya recorren el mundo, sobre notorios íconos terroristas y las décadas de violencia que desencadenaron sobre el país. Eso, además de otras emisiones tóxicas de similar calado que llevaron, por ejemplo, a una inmediata reacción del Partido Morado al denunciar a las pocas horas que por “su postura sobre SL, su defensa de la dictadura cubana, su homofobia y misoginia”, Perú Libre –con cuya bancada se alió en el Congreso para postular a su Mesa Directiva hace solo cuatro días– atentaba contra la gobernabilidad del país con semejante nombramiento.

El gabinete Bellido –rodeado de un secretismo inaudito hasta el último, dadas las deserciones que, conforme pasaban los minutos, se fueron registrando– con que el presidente Castillo ha decidido iniciar su mandato confirma todos los temores que generaba su candidatura. A ajustarse los cinturones, entonces, que la turbulencia está asegurada.

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