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Fritz Du Bois,La opinión del directorDesde que Voltaire usó la frase para referirse a un almirante inglés, fusilado por perder una batalla, esta se utiliza para referirse a la necesidad de efectuar, de tanto en tanto, un castigo público ejemplar para 'alentar' al resto, ya sean estos soldados o parroquianos.

Lo cual parece necesario en nuestro caso, ya que uno tiene la impresión de que el país se encuentra en un momento complicado, con la población desconfiando ampliamente de las entidades del Estado. Por lo que se requiere que los pecadores sean públicamente sancionados para que el desaliento ciudadano no se vaya de las manos.

Así tenemos para empezar las denuncias sobre presiones para ganar contratos por parte de familiares del mandatario que se vienen sucediendo casi a diario. Está el incidente de Antauro llamando a alcaldes desde prisión y enviando a emisarios. Luego estuvo Alexis involucrado en un extraño caso de comisiones pagadas por adelantado. Ahora hay una tía materna en el medio de un forcejeo por la distribución de puestos de trabajo en un proyecto de inversión peleando por cupos con un par de parlamentarios.

En realidad, la sensación de un desorden generalizado por la falta de control y fiscalización en el manejo de obras se está incrementado. Por ejemplo, la encuesta de Proética recientemente divulgada muestra una altísima percepción de corrupción, bastante más alta que en cualquier sondeo anterior. Por lo que es urgente dar un ejemplo sancionador. Ya es hora de que la Contraloría salga de su aparente letargo y empiece a actuar de inmediato.

Por otro lado, la actuación de la Sunat y del Poder Judicial sí va por el sendero adecuado. Ellos han logrado, por primera vez, imponer una condena de prisión efectiva a un importador por defraudación al Estado. Ahora, sin duda, otros en el mismo negocio caminarán derecho. Ese es justamente el ejemplo que requieren en la actualidad muchos funcionarios del Gobierno.